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LA MUERTE Y LA VIDA EN EL PURGATORIO...(I)

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  • juan marin alcaraz
        DEATH: AND LIFE IN PURGATORY http://www.rosicrucian.com/rcl/rcleng02.htm#lecture5   LA MUERTE Y LA VIDA EN EL PURGATORIO...(I) Entre todas las
    Message 1 of 1 , Apr 27, 2012

       

       

      DEATH: AND LIFE IN PURGATORY

      http://www.rosicrucian.com/rcl/rcleng02.htm#lecture5

       

      LA MUERTE Y LA VIDA EN EL PURGATORIO...(I)

      Entre todas las incertidumbres que son la característica de este mundo, hay una sola

      certeza: la Muerte. En un tiempo u otro, después de una vida más o menos larga, llega la

      terminación de ese aspecto material de nuestra existencia, que no es más que nacer a un

      mundo nuevo, así como lo que calificamos "nacimiento" no es más que según las

      hermosas palabras de Worsdsworth, un olvido del pasado.

      Birth is but a sleep and a forgetting

      The Soul thet rises us, our life´s Star,

      Has elsewhere had its setting,

      And cometh from afar:

      Not in entire forgetfulness,

      And not in utter nakedness;

      But trailing clouds of glory do we come

      From God, who is our home:

      Heaven lies about us in our infancy!

      Shares of the prison-house begin to close

      Upon the growing boy;

      But still he sees the light, and whence it flows,

      (*) El nacimiento no es más que un sueño y un olvido. El alma que se eleva con

      nosotros, nuestra estrella-vital, tiene en todas partes su poniente, y

      vino de muy lejos. No llenos de olvido ni

      en completa desnudez, sino de las nubes de gloria es de donde

      venimos; de Dios que es nuestro hogar. El

      cielo está sobre nosotros en la infancia. Las sombras de la

      cárcel empiezan a cernirse sobre el hombre

      naciente, pero aún ve la luz, ve de donde fluye. Y la siente en su alegría. El joven que viene del Oriente

      debe seguir adelante. Es el sacerdote de la Naturaleza. Y esa visión espléndida lo espera en su camino.

      Por fin el hombre percibe su crepúsculo y la ve sumergirse en la luz del pleno día.

       

      He feels it in his joy;

      The youth, who daily farther - from the East

      Must travel, still in Nature's priest,

      and by the vision splendid,

      Is on his way attended;

      At length the man perceives it die away,

      And fade into the light of common day.

       

      El nacimiento y la muerte pueden considerarse como el paso de la actividad humana de

      un mundo a otro, y depende de nuestra propia situación el que designemos tal cambio

      con el nombre de nacimiento o muerte. Si el alma entra en el mundo en el que estamos

      viviendo, decimos que nace; si deja nuestro plano de existencia para entrar en otro

      mundo, decimos que muere; pero para el alma, el pasar de un mundo a otro no es más

      que trasladarse de una ciudad a otra. Ella vive inmutable, únicamente su medio ambiente

      y condiciones son las que han cambiado.

      El paso de un mundo a otro se realiza a menudo más o menos inconscientemente, como

      en el sueño, según dice Wordsworth, y por esa razón nuestra percepción interior queda

      fija sobre el mundo que hemos dejado. En la infancia el cielo está sobre nosotros en

      realidad; los niños son todos clarividentes durante un tiempo más o menos largo después

      de nacer, y cualquiera que pasa por las puertas de la muerte tiene aun ante sí el mundo

      material durante algún tiempo. Si pasamos por ellas en pleno vigor físico, con fuertes

      lazos de familia, amigos u otros intereses, el mundo denso continuará atrayendo nuestra

      atención mucho más tiempo que si la

      muerte hubiera ocurrido en la "madurez de la senectud. Cuando los lazos terrestres han

      quedado cortados aún antes de producirse ese cambio que llamamos muerte. Según el

      mismo principio la simiente se adhiere a la pulpa de una fruta verde, mientras que es

      facilísimo despegarla de la fruta madura. Por lo mismo es mucho más fácil morir en

      avanzada edad que en la juventud.

      La inconsciencia que sigue generalmente al cambio de nacer o morir es debida a nuestra

      incapacidad para ajustar el foco instantáneamente, y es semejante a la dificultad que

      experimentamos al pasar de una habitación obscura a un sitio bien iluminado o viceversa.

      En tales casos siempre transcurre algún tiempo antes de que podamos distinguir los

      objetos en torno nuestro; y así sucede con el recién nacido o con el recién muerto: ambos

      tienen que, ajustar su foco a las nuevas condiciones.

      Cuando llega el momento que marca la plenitud o completación -permítase la palabra- de

      la vida en el Mundo Físico, la utilidad del cuerpo denso termina y el Ego se retira de él por

      la cabeza, llevándose consigo la mente y el cuerpo de deseos,

      en la misma forma que lo hace todas las noches durante el sueño, pero ahora el cuerpo

      vital es inútil, así que también se retira, y cuando el "cordón plateado" que une los

      vehículos superiores a los inferiores se rompe, ya no puede soldarse más.

      Recordemos que el cuerpo vital está compuesto de éter superpuesto sobre los cuerpos

      densos de las plantas, del animal y del hombre durante la vida. El éter es materia física y

      por lo tanto pesa. La única razón por la que los hombres de ciencia no pueden pesarlo es

      porque son incapaces de juntar cierta cantidad para ponerlo en una balanza. Pero cuando

      se deja el cuerpo denso al morir tiene lugar una disminución de peso en todos los casos,

      mostrando que algo ponderable, pesado, si bien invisible, ha abandonado el cuerpo en

      ese momento.

      En 1906 el doctor McDougall , de Boston, pesó cierto número de personas agonizantes,

      poniéndolas junto con sus lechos en una balanza que después equilibraba con pesos. Y

      se notó que el platillo que tenía los pesos bajaba súbitamente cuando los agonizantes

      exhalaban su último aliento. Enseguida se esparció la noticia por los Estados Unidos de

      que el alma había sido pesada, cosa que nunca podrá realizar nadie, porque el alma no

      está regida por las leyes físicas.

      Últimamente, el profesor Twining, de Los Ángeles, creyó pesar el "alma" de un ratón, pero

      lo que los científicos pesaron realmente fue el cuerpo vital que abandona al cuerpo denso

      al morir.

      Débese decir una palabra respecto al tratamiento de las personas agonizantes que sufren

      angustias indecibles en muchos casos debido al cariño malentendido de sus amigos.

      Administrar estimulantes es una u otra forma al agonizante produce a éste muchísimos

      sufrimientos. No es doloroso el salir del cuerpo pero los estimulantes tienen el efecto de

      apresar al Ego y obligarlo a entrar en el cuerpo con la violencia de una catapulta,

      haciéndolo experimentar de nuevo los sufrimientos de que acababa de escapar. Almas

      que ya han partido se han quejado de ello a los investigadores y una de aquéllas agregó

      que nunca había sufrido trato en toda su vida como cuando se la obligó a esta

      agonizando así durante muchas horas. Lo único razonable es dejar que la Naturaleza

      siga sola su curso cuando se ve que el fin es inevitable.

      Otro pecado y más grave aún contra el Espíritu que se va, es dar rienda suelta a los

      gritos y lamentaciones de los que están cerca o en la habitación del muerto.

      Precísamente, después de libertarse, el Ego está ocupado durante algunas horas o días

      en un asunto de la mayor importancia.; la mayor parte del valor de la vida que

      acaba de terminar depende de la atención que aquél pueda prestar entonces. Si los

      sollozos o lamentaciones de sus seres queridos lo distraen, perderá mucho, como

      veremos, pero si se le fortalece con la oración y con el silencio podrá librársele de

      muchas tristezas en el futuro. Nunca seremos tan hermanos suyos como cuando esté

      pasando a través de ese Getsemaní y si lo amamos sabiamente nos haremos acreedores

      a su gratitud siguiendo las instrucciones mencionadas.

      El hombre ha estudiado el fenómeno del nacimiento y ha creado una ciencia del nacer.

      Tenernos obstétricos calificados y parteras prácticas para comodidad del hijo y de la

      madre, para que ambos se encuentran confortablemente, pero es muy triste decirlo,

      necesitamos todavía una ciencia del morir. Cuando un niño va a venir al mundo

      desplegamos nuestra actividad en inteligentes esfuerzos; cuando un amigo querido va a

      dejarnos nos quedarnos sin saber que hacer, sin poder ayudarlo o favorecerlo de alguna

      manera, y, lo que es peor que todo, nos lamentamos y le producirnos sufrimiento en vez

      de ayuda.

      La ciencia física sabe que sea cual fuere la fuerza o poder que mueve al corazón no

      viene de afuera, sino que está dentro de ese órgano. El ocultista científico ve una cámara

      en el ventriculo izquierdo, cerca del ápice, en la que un pequeño átomo nada en un mar

      del éter más elevado. La fuerza de ese átomo, como las fuerzas de todos los demás

      átomos, es la vida indiferenciada de Dios; sin esa fuerza el mineral no podría modelarse

      en cristales, los reinos vegetal, animal y humano no podrían formar sus cuerpos. Cuanto

      más profundamente miramos tanto más claro se nos hace esa verdad fundamental de

      que en Dios vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.

      Ese átomo se llama el "átomo-simiente". La fuerza que está en el mueve al corazón y

      mantiene vivo al organismo. Todos los demás átomos del cuerpo entero deben vibrar a

      tono con ese átomo. Las fuerzas del átomo-simiente han sido inmanentes en todos los

      cuerpos densos poseídos por el Ego particular a quien pertenecen sobre esa plástica

      tablilla están inscriptas todas las experiencias del Ego en todas sus vidas. Cuando

      volvamos a Dios, cuando todos nosotros nos hayamos convertido en uno con Dios, una

      vez más, esos registros que son especialmente los

      recuerdos de Dios subsistirán aún, y de esta manera retendremos toda nuestra

      individualidad. Nuestras experiencias las trasmutamos, como se describirá, en facultades;

      el mal se trasmuta en bien y el bien lo retendremos como poder para un

      bien mejor, pero el registro de las experiencias es de Dios y está en Dios, en el más

      íntimo sentido de la palabra.

       



       


       

       

       

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