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Convocatoria pública y abierta (a propósito de la elección de Consejo Directivo 2013 en la Universidad de Bue nos Aires)

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  • Nodo (colectivo de coorganización milita
    *Convocatoria p·blica y abierta *** *A prop≤sito de la elecci≤n de Consejo Directivo 2013 en la Universidad de Buenos Aires*** Para las elecciones a
    Message 1 of 2 , Aug 12 1:54 PM
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      *Convocatoria p�blica y abierta ***



      *A prop�sito de la elecci�n de Consejo Directivo 2013 en la Universidad de
      Buenos Aires***







      Para las elecciones a Consejo Directivo de la Facultad de Filosof�a y
      Letras durante el a�o 2007, una de las listas presentadas en ese entonces
      propon�a someter a mandato rotativo y revocable sus candidatos. A la vez,
      propon�a conjugar de modo diferente los dos t�rminos m�s mencionados en los
      volantes de las agrupaciones en ese momento: �presupuesto� y
      �democratizaci�n�. Para el primero (*presupuesto*), se le�a: *�Consideramos
      necesario un aumento del presupuesto, pero consideramos tambi�n que la
      obtenci�n de un aumento no cambiar� nada si no se pone el acento en la
      democratizaci�n. Para ser m�s directos, digamos que si el aumento de
      presupuesto es administrado por la actual estructura universitaria,
      entonces un aumento no tendr� ning�n efecto m�s que el de otorgar mayor
      poder a�n a las camarillas hoy gobernantes�.* Para el segundo (*
      democratizaci�n*), frente a las posturas que pugnaban (y pugnan) por el
      aumento de la representaci�n de alguno de los claustros o la preeminencia
      de alg�n claustro por encima de otro (por ejemplo, claustro �nico docente o
      mayor representaci�n del claustro de estudiantes), se le�a: *�entendemos
      que esta manera de concebir el conflicto pol�tico es superficial. Y es
      superficial porque se queda en la elecci�n de representantes que pretenden
      administrar lo que existe. Para nosotros no hay que controlar el aparato
      universitario, sino que hay que transformarlo por completo�*. En concreto,
      si el problema universitario no era (ni es) meramente econ�mico sino
      pol�tico, la metodolog�a revocable (consejero mandatado en asambleas y/o
      reuniones p�blicas y abiertas), era la manera en que este espacio
      interven�a en clave democratizadora los �rganos de gobierno universitario
      (y esto, s�lo porque entendemos que la revocabilidad supone un proceso
      previo de autoorganizaci�n y democratizaci�n -como m�nimo- al interior del
      espacio que lo propone, oponi�ndose a la representatividad que, por s� sola
      y como doctrina, obtura *de facto *dichos procesos).

      *Conjugando Saberes*, as� hab�amos denominado aquella faena, arremet�a
      tambi�n sobre las formas de producir conocimiento. La cr�tica al gobierno
      por claustro y dividido por departamentos ten�a su correlato en la puesta
      en cuesti�n de la organizaci�n en c�tedras del conocimiento. A prop�sito de
      las c�tedras paralelas, se le�a en el mismo volante: *�La democratizaci�n
      entendida como multiplicaci�n de c�tedras paralelas deja intacta la
      organizaci�n del conocimiento que padecemos a diario en las aulas. Una
      c�tedra cuyo titular fuera Karl Marx ser�a eso, una c�tedra. Y una facultad
      que tuviera mayor�a estudiantil marxista en su Consejo Directivo ser�a eso,
      una facultad. Y nosotros estamos descontentos con las facultades y con las
      c�tedras. Declaramos que una democratizaci�n en la producci�n del
      conocimiento es incompatible con las facultades organizadas en base a
      c�tedras.�* La democratizaci�n de los �rganos de gobierno universitarios
      iba de la mano de la transformaci�n de los modos de producir conocimiento
      en las aulas.

      Dos aclaraciones al respecto. La primera: no est�bamos presos de ning�n
      furor auto-destructivo, reconoc�amos en aquel entonces, los avances
      parciales de conseguir mayor presupuesto, de ampliar el n�mero de
      representantes y hasta de pluralizar ideol�gicamente nuestra formaci�n.
      Simplemente dec�amos que tales intervenciones no eran suficientes en tanto
      no cuestionaban la estructura establecida. Segunda aclaraci�n: les juramos
      que no est�bamos (tan) solos. En aquel entonces compartimos experiencias
      como estas con buena parte de compa�eros y agrupaciones de izquierda (y no
      tanto). �Y a qu� viene todo esto? Pues que seis a�os m�s tarde, un
      escenario como este resulta insospechado. *La representaci�n pol�tica en su
      vertiente universitaria o, la organizaci�n en claustros, permanece
      incuestionada en todas sus manifestaciones pol�ticas*. Notamos entonces un
      claro retroceso de la puesta en cuesti�n de las relaciones sociales que
      sostienen la actual estructura universitaria en pos de ocupar espacios en
      dicha estructura.

      A pesar de este retroceso, notamos que algunos volantes de izquierda no
      pueden dejar de mencionar un t�pico relativamente novedoso: la *cr�tica a
      las formas de producci�n de conocimiento universitarias*. Aquel primer *giro
      conservador* entra en tensi�n aparente con esta *nueva* consigna. Sin
      embargo, esta tensi�n se matiza si tenemos en cuenta la recurrencia de
      graduados y profesores dentro de la facultad que despotrican desde hace
      tiempo contra la vetusta organizaci�n en c�tedras, contra los
      �desactualizados� planes de estudio y contra la carencia de �metodolog�as�
      y �estrategias� did�cticas novedosas. Este larvado malestar, para nosotros,
      trasunta las necesidades de *homologaci�n* de la producci�n de conocimiento
      de acuerdo a los par�metros del mercado mundial. A nadie parece ya
      satisfacer lo que produce la Universidad (o al menos no se pueden armar
      volantes para intervenir en las elecciones sin decirlo)*.* En este contexto
      no podemos desconocer la atracci�n que pueden tener entonces una serie de
      pr�cticas que, si bien no est�n extendidas, se inscriben cr�ticamente justo
      en las *formas* en que se produce conocimiento a nivel universitario. Pero
      no nos adelantemos, desandemos primero la tensi�n y despleguemos las
      pr�cticas mencionadas.





      *1. Mapeando la producci�n de conocimiento en Pu�n*

      A Desde el a�o 2006/2007 a esta parte se han extendido las experiencias de
      seminarios y materias colectivas, grupos de estudio y publicaciones -en lo
      que hace a la intervenci�n en la producci�n de conocimiento- y de
      revocabilidad -similares diferencia del a�o 2007, cuando estas
      experiencias estaban en procesos de gestaci�n o en germen, hoy todas esas
      pr�cticas ya llevan varios a�os de funcionamiento y muchas de ellas est�n
      concluidas. Esta disparidad arroja por lo menos una consecuencia
      fundamental: la aprobaci�n por parte de varios departamentos de la UBA de
      este tipo de experiencias (Edici�n, Antropolog�a, Letras, Filosof�a,
      Historia y Sociolog�a) genera un precedente que ya se hace sentir a nivel
      pol�tico.



      *2. El c�rculo de la representaci�n *



      Al cerrarse en el 2008 el ciclo de luchas abierto durante
      la crisis del 2001, se constata asimismo la recomposici�n totalizante de la
      representaci�n de masas. Si era esperable que en la disputa por la
      resoluci�n 125 los contendientes apostaran a ganar la mayor�a en el
      congreso, es notable que en el grueso de las fuerzas pol�ticas que se
      manifestaron al respecto no apareciera ning�n cuestionamiento a los �rganos
      republicanos como los espacios privilegiados para �resolver� los conflictos
      sociales.

      Esta primavera de la pol�tica representativa hacia el 2008 se advierte de
      manera doble: tanto por la reconducci�n de la protesta social por la v�a
      institucional como en el pronunciamiento por un bando u otro al interior de
      la falsa dicotom�a que induc�a a elegir o bien por la burgues�a industrial
      o bien por la agr�cola, permaneciendo velada la identidad de las relaciones
      de explotaci�n sostenidas por ambas. La legitimidad de la pol�tica
      representativa, entonces, gana nuevos br�os e insufla la omnipresencia
      estatal en las organizaciones e instituciones sociales.

      Pero hay otra arista fundamental en esta recomposici�n
      estatal. La producci�n del conocimiento se ha transformado en objeto de
      atenci�n para capitales nacionales (la adquisici�n de la UADE por Techint,
      la financiaci�n de investigaci�n por AAPRESID) y se ha convertido en objeto
      de pol�ticas p�blicas diversas. Se ha intensificado la creaci�n de nuevas
      Universidades Nacionales y se ha reestructurado, creaci�n del Ministerio de
      Ciencia y Tecnolog�a mediante, el sistema de financiamiento para la
      investigaci�n y la formaci�n superior. Podemos adem�s citar los cambios en
      la evaluaci�n de CONICET y el incentivo a la investigaci�n en temas
      estrat�gicos, la creaci�n de becas de estudio para �reas vinculadas a la
      industrializaci�n nacional (becas YPF, becas Bicentenario para estudiantes
      de carreras cient�ficas y t�cnicas) y la reforma de todos los planes de
      estudios de los profesorados a nivel nacional (las homologaciones de
      t�tulos bajo la acreditaci�n a la CONEAU). Estas transformaciones guardan
      relaci�n con la necesidad vigente de recualificaci�n de la fuerza de
      trabajo en cierto sector de la clase trabajadora, para lo cual es necesario
      un cambio sensible en el proceso de formaci�n. Lo que est� de fondo, en
      otras palabras, es la modificaci�n de las maneras en que se produce
      conocimiento y una creciente mercantilizaci�n del mismo bajo un modelo m�s
      �vers�til�, convergente con las tendencias �avanzadas� en los procesos de
      trabajo: un modelo de horizontalidad, autonom�a y cooperaci�n en las bases
      con una direcci�n omnipresente, apropiadora del producto del trabajo. En
      ese contexto, la Universidad est� en el foco de esta tendencia. El malestar
      que mencion�bamos al comienzo, expresado por profesores y graduados, tiene
      directa vinculaci�n con esta necesidad.





      *3. Eje reivindicativo y antag�nico: la disparidad*



      As� como a nivel nacional la pol�tica antag�nica cedi�
      frente a una perspectiva meramente reivindicativa que apuesta a resolver
      conflictos y lograr avances parciales dentro de la estructura establecida,
      la disputa entre continuidad de la gesti�n o su alternativa opositora
      replica el mismo movimiento. El esquema Morgade vs. Acu�a no modifica un
      �pice la estructura de gobierno universitario. Acomodarse al interior de
      alguna de estas alternativas abreva en la mera reivindicaci�n despojada de
      todo cuestionamiento de izquierda. Pero �qu� entendemos por mera
      reivindicaci�n?

      �La lucha anticapitalista se da, pues, a la vez en dos frentes: el
      inmediato y el hist�rico, el reivindicativo y el antagonista. Nuestra lucha
      hist�rica impugna la sociedad de clases como tal y al trabajo abstracto o
      asalariado como su fundamento estructural. No nos interesa un trabajo
      digno, bien pago o sindicalmente protegido. Nos interesa una sociedad donde
      no existan el trabajo asalariado y la acumulaci�n de capital. Con todo,
      nuestra lucha hist�rica debe volverse tambi�n inmediata: aspirar a la
      sociedad sin clases sin poner todas las energ�as necesarias en la defensa
      de los intereses de los sectores dominados ser�a idiota. Si el comunismo no
      es un ideal a implantar, entonces su construcci�n no puede hacerse
      ninguneando la intervenci�n coyunturalmente emplazada para mejorar la
      situaci�n de los productores sociales. Negarse a luchar por mejorar esa
      situaci�n *en el marco del orden capitalista *es profesar un peligroso
      desprecio por los cuerpos, conden�ndolos a padecer los efectos *inmoderado*s
      de la violencia sist�mica. Adem�s, las fuerzas sociales siempre se
      inclinar�n m�s f�cilmente por las pol�ticas en las que vean efectos
      favorables palpables. Quien, por lo tanto, minimiza la importancia de las
      luchas inmediatas (resolubles dentro del orden capitalista), entrega la
      victoria pol�tica a los partidos burgueses, siempre dispuestos a prodigar
      prebendas y ventajas sensibles a las masas administradas� (Amartillazos
      4/5, editorial, p. 21).



      Por eso decimos que si bien el eje reivindicativo es por dem�s necesario,
      tambi�n es insuficiente, dej�ndonos dos consecuencias fundamentales de
      dicho corrimiento: la primera consiste en abandonar todo cuestionamiento en
      la estructura de los �rganos de gobierno (mera democracia acad�mica). Y, en
      segundo lugar, aislar a las pr�cticas de intervenci�n de la producci�n de
      conocimiento de sus proyecciones pol�ticas m�s amplias. La democratizaci�n
      es tolerada en el aula, pero se la inhibe en los �mbitos de representaci�n,
      de modo que experiencias como las materias y seminarios colectivos terminan
      despolitizadas cuando no funcionales a trav�s de su normalizaci�n. En este
      sentido, la intensificaci�n por parte de la nueva izquierda en lo gremial y
      en los �rganos de gobierno, y s�lo eso �que de otra manera podr�a leerse
      como un avance en el trabajo sobre las condiciones necesarias de cualquier
      pol�tica- corre el riesgo de obliterar el trabajo antag�nico de cuestionar
      las relaciones sociales imperantes �las condiciones suficientes-. No
      podemos dejar de remarcar, adem�s, que esto converge con la tendencia
      enunciada en el apartado anterior: relativa democracia en la base,
      manteniendo la apropiaci�n individual y la direcci�n del proceso de
      producci�n.



      *4. Democracia acad�mica y democracia sin adjetivos: la forma de los
      l�mites.*



      Esta invisibilizaci�n y falta de puesta en crisis, se ve en
      que la homologaci�n y reforma de los modos de producir conocimiento, tanto
      en sus contenidos (planes de estudio) como en sus formas (cr�tica a la
      forma c�tedra), es producido ni m�s ni menos que por una tendencia actual
      del Capital mismo, �vido de depuraci�n de los vetustos elementos que
      impiden la valorizaci�n y cualificaci�n de la fuerza de trabajo en este
      rubro. As� tenemos la muestra m�s palpable de los l�mites estrechos que
      posee la mera reivindicaci�n dentro de los aparatos que nos brinda la
      democracia acad�mica y representativa en general. La defensa de las
      reivindicaciones dentro de la cancha, las reglas y el juego establecidos
      por el capitalismo, tienen como (obvia) consecuencia la colaboraci�n con su
      reestructuraci�n general (previa despolitizaci�n y p�rdida de todo
      horizonte antag�nico).

      He aqu� el problema de esta disparidad: las pr�ximas elecciones de consejo
      directivo evidencian la replicaci�n de la tendencia social general hacia
      una recomposici�n de la legitimidad estatal, con la representaci�n pol�tica
      del caso, a�n en territorios como el universitario donde el ideario burgu�s
      de una persona un voto no existe. Esa misma recomposici�n cerc� las magras
      pero existentes intervenciones de cuestionamiento de la estructura
      universitaria e intensific� una agenda pol�tica meramente reivindicativa
      por parte de la izquierda. En este escenario, la falta de pr�cticas de
      intervenci�n de las relaciones sociales que estructuran los claustros hace
      que la izquierda sea hoy mero furg�n de cola de las tendencias progresistas
      y liberales de una parte y, por otra, que las intervenciones de
      democratizaci�n en las producci�n de conocimiento experimenten un techo
      mucho m�s bajo.

      No obstante, no queremos eludir el bulto, ni pretendemos desconocer las
      dificultades de practicar la democracia sin adjetivos, especialmente en un
      �mbito hostil a dichas pr�cticas, con tiempos y tradiciones muy distintas a
      las de horizontalidad, autonom�a y revocabilidad. Como ejemplo, con la
      experiencia de *Revocables...*, minor�a de estudiantes en la JD de la
      carrera de Filosof�a por dos a�os, no enga��bamos a nadie: �Deploramos la
      representaci�n pol�tica�. Con esta �plataforma�, *Revocables�* obtuvo *340
      votos*. Sin embargo, en las reuniones *Revocables�* los cuerpos
      presentes *jam�s
      superamos el 10% de ese n�mero electoral*. Es decir: la pr�ctica cedi� ante
      una l�gica representativa, y no pudo ni supo sobreponerse a ella. Esto
      denota un l�mite muy marcado sobre la autoorganizaci�n y la pr�ctica de la
      democracia sin adjetivaciones, l�mite que reconocemos y problematizamos, y
      que opera impidi�ndonos generar efectivamente las condiciones suficientes
      para superar las actuales pr�cticas hegem�nicas que derivan en m�s
      democracia representativa. Dichos l�mites tienen su fundamento en los
      distintos escenarios que hemos estado describiendo, en la monopolizaci�n
      del sentido que estas pr�cticas hegem�nicas establecen sobre lo que es o no
      es posible hacer, como as� tambi�n en las propias fuerzas de nuestra
      organizaci�n, y son en definitiva los que nos llevan a no presentarnos como
      agrupaci�n en estas elecciones. Estos l�mites nos constri�en en los
      diversos intentos de construcci�n y trabajo de base que estamos llevando
      adelante, lo cual se evidencia en que dichos intentos no han podido todav�a
      masificarse ni instituirse como tales. Todo lo contrario, est�n vi�ndose
      hoy incluso reemplazados por aparatos y representantes que justamente
      parecen prescindir de ese previo trabajo que mencionamos. No obstante, como
      resaltamos al principio, diversos intentos y ensayos de esta pr�ctica se
      siguen llevando adelante, a pesar de que, ciertamente, el resultado de
      estas elecciones pueda modificar sensiblemente el escenario en el que estas
      pr�cticas se llevan adelante.

      Dicho todo esto, aclaramos: creemos que participar de los canales de
      democracia burguesa forma parte de los mecanismos para forzar un verdadero
      proceso de democratizaci�n (como ya dijimos, hemos intervenido en estos
      canales). Pero tambi�n creemos que esta participaci�n debe formar parte de
      un planteo antag�nico que le otorgue sentido, y no se quede meramente all�.
      Consideramos que, para participar en dichos canales en forma antag�nica y
      no meramente reivindicativa, es necesario que est� construida una cr�tica
      te�rica-pr�ctica a dicho proceso para poder problematizar la estructura
      acad�mica desde dentro. En nuestra lectura de situaci�n, y nuestras
      consiguientes fuerzas, esto no est� dado. Pero tambi�n sabemos que toda
      situaci�n dada es hist�rica y social y, por lo tanto, pasible de ser
      trasformada por procesos de auto-instituci�n colectiva. Convocamos entonces
      abierta y p�blicamente a discutir esta y otras lecturas, al mismo tiempo de
      pensar y elaborar posibles acciones democratizadoras (emancipatorias) en,
      desde y en contra de, una democracia acad�mica fortalecida.



      * *

      *Convocatoria a discutir abierta y p�blicamente, sin distinci�n de claustro
      ni de carrera*

      * *

      *S�bado 24 de agosto, a las 14:00 hs. aula 108 de la Facultad de Filosof�a
      y Letras de la UBA***

      ------------------------------

      [1] <#_ftnref1> En el a�o 2006 se aprueba para varias carreras el seminario
      colectivo �Conocimiento, verdad y poder�. Dos a�os m�s tarde, el seminario
      se transforma en la materia colectiva �Epistemolog�a y m�todos de la
      investigaci�n social�, aprobada por el departamento de antropolog�a y
      dictada tambi�n para la carrera de Edici�n. Desde entonces la carrera de
      antropolog�a ha conocido una forma alternativa de cursada colectiva y
      horizontal, una experiencia de intervenci�n en junta con mandato rotativo y
      revocable y durante este �ltimo a�o, a la materia de Epistemolog�a se le
      suma la presentaci�n de un seminario del colectivo Antroposex y el
      seminario colectivo impulsado desde el Taller de metodolog�a de la
      investigaci�n. Podemos hacer referencia a una situaci�n similar en la
      carrera de Filosof�a. En 2003 �Verdad cient�fica y subjetividad pol�tica/
      Subjetividad cient�fica y verdad pol�tica. Las ilusiones de la raz�n y la
      raz�n de las ilusiones�. En 2006 el seminario �Conocimiento, Verdad y
      poder�; en 2007 �Filosof�a, Historia y Comunidad� y la revista de
      filosof�a, est�tica y pol�tica Amartillazos (revista de car�cter
      autogestado que se suma a la ya existente Dial�ktica que data de comienzos
      de los 90); y en 2008 �Borges Problem�tico�. A esta n�mina hay que agregar
      variadas experiencias impulsadas por compa�eros y compa�eras de Estar
      Siendo como �Filosof�a y pensamiento popular latinoamericano, una
      integraci�n pedag�gica, social y cultural�. Por �ltimo Revocables�gan� la
      minor�a estudiantil durante el per�odo 2009-2010.


      --
      *Nodo - Colectivo de co-organizaci�n militante*
      http://www.nodocoorganizacion.com.ar/
      Documentos <http://www.nodocoorganizacion.com.ar/?page_id=128>
      Activaciones <http://www.nodocoorganizacion.com.ar/?page_id=125>


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        *Convocatoria p�blica y abierta ***



        *A prop�sito de la elecci�n de Consejo Directivo 2013 en la Universidad de
        Buenos Aires***







        Para las elecciones a Consejo Directivo de la Facultad de Filosof�a y
        Letras durante el a�o 2007, una de las listas presentadas en ese entonces
        propon�a someter a mandato rotativo y revocable sus candidatos. A la vez,
        propon�a conjugar de modo diferente los dos t�rminos m�s mencionados en los
        volantes de las agrupaciones en ese momento: �presupuesto� y
        �democratizaci�n�. Para el primero (*presupuesto*), se le�a: *�Consideramos
        necesario un aumento del presupuesto, pero consideramos tambi�n que la
        obtenci�n de un aumento no cambiar� nada si no se pone el acento en la
        democratizaci�n. Para ser m�s directos, digamos que si el aumento de
        presupuesto es administrado por la actual estructura universitaria,
        entonces un aumento no tendr� ning�n efecto m�s que el de otorgar mayor
        poder a�n a las camarillas hoy gobernantes�.* Para el segundo (*
        democratizaci�n*), frente a las posturas que pugnaban (y pugnan) por el
        aumento de la representaci�n de alguno de los claustros o la preeminencia
        de alg�n claustro por encima de otro (por ejemplo, claustro �nico docente o
        mayor representaci�n del claustro de estudiantes), se le�a: *�entendemos
        que esta manera de concebir el conflicto pol�tico es superficial. Y es
        superficial porque se queda en la elecci�n de representantes que pretenden
        administrar lo que existe. Para nosotros no hay que controlar el aparato
        universitario, sino que hay que transformarlo por completo�*. En concreto,
        si el problema universitario no era (ni es) meramente econ�mico sino
        pol�tico, la metodolog�a revocable (consejero mandatado en asambleas y/o
        reuniones p�blicas y abiertas), era la manera en que este espacio
        interven�a en clave democratizadora los �rganos de gobierno universitario
        (y esto, s�lo porque entendemos que la revocabilidad supone un proceso
        previo de autoorganizaci�n y democratizaci�n -como m�nimo- al interior del
        espacio que lo propone, oponi�ndose a la representatividad que, por s� sola
        y como doctrina, obtura *de facto *dichos procesos).

        *Conjugando Saberes*, as� hab�amos denominado aquella faena, arremet�a
        tambi�n sobre las formas de producir conocimiento. La cr�tica al gobierno
        por claustro y dividido por departamentos ten�a su correlato en la puesta
        en cuesti�n de la organizaci�n en c�tedras del conocimiento. A prop�sito de
        las c�tedras paralelas, se le�a en el mismo volante: *�La democratizaci�n
        entendida como multiplicaci�n de c�tedras paralelas deja intacta la
        organizaci�n del conocimiento que padecemos a diario en las aulas. Una
        c�tedra cuyo titular fuera Karl Marx ser�a eso, una c�tedra. Y una facultad
        que tuviera mayor�a estudiantil marxista en su Consejo Directivo ser�a eso,
        una facultad. Y nosotros estamos descontentos con las facultades y con las
        c�tedras. Declaramos que una democratizaci�n en la producci�n del
        conocimiento es incompatible con las facultades organizadas en base a
        c�tedras.�* La democratizaci�n de los �rganos de gobierno universitarios
        iba de la mano de la transformaci�n de los modos de producir conocimiento
        en las aulas.

        Dos aclaraciones al respecto. La primera: no est�bamos presos de ning�n
        furor auto-destructivo, reconoc�amos en aquel entonces, los avances
        parciales de conseguir mayor presupuesto, de ampliar el n�mero de
        representantes y hasta de pluralizar ideol�gicamente nuestra formaci�n.
        Simplemente dec�amos que tales intervenciones no eran suficientes en tanto
        no cuestionaban la estructura establecida. Segunda aclaraci�n: les juramos
        que no est�bamos (tan) solos. En aquel entonces compartimos experiencias
        como estas con buena parte de compa�eros y agrupaciones de izquierda (y no
        tanto). �Y a qu� viene todo esto? Pues que seis a�os m�s tarde, un
        escenario como este resulta insospechado. *La representaci�n pol�tica en su
        vertiente universitaria o, la organizaci�n en claustros, permanece
        incuestionada en todas sus manifestaciones pol�ticas*. Notamos entonces un
        claro retroceso de la puesta en cuesti�n de las relaciones sociales que
        sostienen la actual estructura universitaria en pos de ocupar espacios en
        dicha estructura.

        A pesar de este retroceso, notamos que algunos volantes de izquierda no
        pueden dejar de mencionar un t�pico relativamente novedoso: la *cr�tica a
        las formas de producci�n de conocimiento universitarias*. Aquel primer *giro
        conservador* entra en tensi�n aparente con esta *nueva* consigna. Sin
        embargo, esta tensi�n se matiza si tenemos en cuenta la recurrencia de
        graduados y profesores dentro de la facultad que despotrican desde hace
        tiempo contra la vetusta organizaci�n en c�tedras, contra los
        �desactualizados� planes de estudio y contra la carencia de �metodolog�as�
        y �estrategias� did�cticas novedosas. Este larvado malestar, para nosotros,
        trasunta las necesidades de *homologaci�n* de la producci�n de conocimiento
        de acuerdo a los par�metros del mercado mundial. A nadie parece ya
        satisfacer lo que produce la Universidad (o al menos no se pueden armar
        volantes para intervenir en las elecciones sin decirlo)*.* En este contexto
        no podemos desconocer la atracci�n que pueden tener entonces una serie de
        pr�cticas que, si bien no est�n extendidas, se inscriben cr�ticamente justo
        en las *formas* en que se produce conocimiento a nivel universitario. Pero
        no nos adelantemos, desandemos primero la tensi�n y despleguemos las
        pr�cticas mencionadas.





        *1. Mapeando la producci�n de conocimiento en Pu�n*

        Desde el a�o 2006/2007 a esta parte se han extendido las experiencias de
        seminarios y materias colectivas, grupos de estudio y publicaciones -en lo
        que hace a la intervenci�n en la producci�n de conocimiento- y de
        recovabilidad -similares a la mencionada del 2007- en los �rganos de
        gobierno (1). Estas experiencias tienen en com�n el v�nculo inmanente entre
        dos aspectos imprescindibles de la militancia: a la vez de tomar elementos
        fundamentales de la agenda acad�mica-gremial (la ausencia de una materia de
        Historia de Filosof�a del siglo XIX en una carrra de Filosof�a, la ausencia
        de una abordaje problem�tico en E�stemolog�a, la ausencia de un espacio de
        aprendizaje, producci�n y escritura, la falta de participaci�n total de los
        estudiantes en los �rganos de gobierno universitarios, etc.), actualizan
        una experimentaci�n pol�tica que en la pr�ctica cuestiona la estructura de
        relaciones al interior del aula, y de la representaci�n estamental de los
        �rganos de gobierno, apostando a una democratizaci�n a secas tanto en la
        producci�n de conocmiento como de los �rganos de gobierno universitario.

        A diferencia del a�o 2007, cuando estas experiencias estaban en procesos de
        gestaci�n o en germen, hoy todas esas pr�cticas ya llevan varios a�os de
        funcionamiento y muchas de ellas est�n concluidas. Esta disparidad arroja
        por lo menos una consecuencia fundamental: la aprobaci�n por parte de
        varios departamentos de la UBA de este tipo de experiencias (Edici�n,
        Antropolog�a, Letras, Filosof�a, Historia y Sociolog�a) genera un
        precedente que ya se hace sentir a nivel pol�tico.



        *2. El c�rculo de la representaci�n *



        Al cerrarse en el 2008 el ciclo de luchas abierto durante
        la crisis del 2001, se constata asimismo la recomposici�n totalizante de la
        representaci�n de masas. Si era esperable que en la disputa por la
        resoluci�n 125 los contendientes apostaran a ganar la mayor�a en el
        congreso, es notable que en el grueso de las fuerzas pol�ticas que se
        manifestaron al respecto no apareciera ning�n cuestionamiento a los �rganos
        republicanos como los espacios privilegiados para �resolver� los conflictos
        sociales.

        Esta primavera de la pol�tica representativa hacia el 2008 se advierte de
        manera doble: tanto por la reconducci�n de la protesta social por la v�a
        institucional como en el pronunciamiento por un bando u otro al interior de
        la falsa dicotom�a que induc�a a elegir o bien por la burgues�a industrial
        o bien por la agr�cola, permaneciendo velada la identidad de las relaciones
        de explotaci�n sostenidas por ambas. La legitimidad de la pol�tica
        representativa, entonces, gana nuevos br�os e insufla la omnipresencia
        estatal en las organizaciones e instituciones sociales.

        Pero hay otra arista fundamental en esta recomposici�n
        estatal. La producci�n del conocimiento se ha transformado en objeto de
        atenci�n para capitales nacionales (la adquisici�n de la UADE por Techint,
        la financiaci�n de investigaci�n por AAPRESID) y se ha convertido en objeto
        de pol�ticas p�blicas diversas. Se ha intensificado la creaci�n de nuevas
        Universidades Nacionales y se ha reestructurado, creaci�n del Ministerio de
        Ciencia y Tecnolog�a mediante, el sistema de financiamiento para la
        investigaci�n y la formaci�n superior. Podemos adem�s citar los cambios en
        la evaluaci�n de CONICET y el incentivo a la investigaci�n en temas
        estrat�gicos, la creaci�n de becas de estudio para �reas vinculadas a la
        industrializaci�n nacional (becas YPF, becas Bicentenario para estudiantes
        de carreras cient�ficas y t�cnicas) y la reforma de todos los planes de
        estudios de los profesorados a nivel nacional (las homologaciones de
        t�tulos bajo la acreditaci�n a la CONEAU). Estas transformaciones guardan
        relaci�n con la necesidad vigente de recualificaci�n de la fuerza de
        trabajo en cierto sector de la clase trabajadora, para lo cual es necesario
        un cambio sensible en el proceso de formaci�n. Lo que est� de fondo, en
        otras palabras, es la modificaci�n de las maneras en que se produce
        conocimiento y una creciente mercantilizaci�n del mismo bajo un modelo m�s
        �vers�til�, convergente con las tendencias �avanzadas� en los procesos de
        trabajo: un modelo de horizontalidad, autonom�a y cooperaci�n en las bases
        con una direcci�n omnipresente, apropiadora del producto del trabajo. En
        ese contexto, la Universidad est� en el foco de esta tendencia. El malestar
        que mencion�bamos al comienzo, expresado por profesores y graduados, tiene
        directa vinculaci�n con esta necesidad.





        *3. Eje reivindicativo y antag�nico: la disparidad*



        As� como a nivel nacional la pol�tica antag�nica cedi�
        frente a una perspectiva meramente reivindicativa que apuesta a resolver
        conflictos y lograr avances parciales dentro de la estructura establecida,
        la disputa entre continuidad de la gesti�n o su alternativa opositora
        replica el mismo movimiento. El esquema Morgade vs. Acu�a no modifica un
        �pice la estructura de gobierno universitario. Acomodarse al interior de
        alguna de estas alternativas abreva en la mera reivindicaci�n despojada de
        todo cuestionamiento de izquierda. Pero �qu� entendemos por mera
        reivindicaci�n?

        �La lucha anticapitalista se da, pues, a la vez en dos frentes: el
        inmediato y el hist�rico, el reivindicativo y el antagonista. Nuestra lucha
        hist�rica impugna la sociedad de clases como tal y al trabajo abstracto o
        asalariado como su fundamento estructural. No nos interesa un trabajo
        digno, bien pago o sindicalmente protegido. Nos interesa una sociedad donde
        no existan el trabajo asalariado y la acumulaci�n de capital. Con todo,
        nuestra lucha hist�rica debe volverse tambi�n inmediata: aspirar a la
        sociedad sin clases sin poner todas las energ�as necesarias en la defensa
        de los intereses de los sectores dominados ser�a idiota. Si el comunismo no
        es un ideal a implantar, entonces su construcci�n no puede hacerse
        ninguneando la intervenci�n coyunturalmente emplazada para mejorar la
        situaci�n de los productores sociales. Negarse a luchar por mejorar esa
        situaci�n *en el marco del orden capitalista *es profesar un peligroso
        desprecio por los cuerpos, conden�ndolos a padecer los efectos *inmoderado*s
        de la violencia sist�mica. Adem�s, las fuerzas sociales siempre se
        inclinar�n m�s f�cilmente por las pol�ticas en las que vean efectos
        favorables palpables. Quien, por lo tanto, minimiza la importancia de las
        luchas inmediatas (resolubles dentro del orden capitalista), entrega la
        victoria pol�tica a los partidos burgueses, siempre dispuestos a prodigar
        prebendas y ventajas sensibles a las masas administradas� (Amartillazos
        4/5, editorial, p. 21).



        Por eso decimos que si bien el eje reivindicativo es por dem�s necesario,
        tambi�n es insuficiente, dej�ndonos dos consecuencias fundamentales de
        dicho corrimiento: la primera consiste en abandonar todo cuestionamiento en
        la estructura de los �rganos de gobierno (mera democracia acad�mica). Y, en
        segundo lugar, aislar a las pr�cticas de intervenci�n de la producci�n de
        conocimiento de sus proyecciones pol�ticas m�s amplias. La democratizaci�n
        es tolerada en el aula, pero se la inhibe en los �mbitos de representaci�n,
        de modo que experiencias como las materias y seminarios colectivos terminan
        despolitizadas cuando no funcionales a trav�s de su normalizaci�n. En este
        sentido, la intensificaci�n por parte de la nueva izquierda en lo gremial y
        en los �rganos de gobierno, y s�lo eso �que de otra manera podr�a leerse
        como un avance en el trabajo sobre las condiciones necesarias de cualquier
        pol�tica- corre el riesgo de obliterar el trabajo antag�nico de cuestionar
        las relaciones sociales imperantes �las condiciones suficientes-. No
        podemos dejar de remarcar, adem�s, que esto converge con la tendencia
        enunciada en el apartado anterior: relativa democracia en la base,
        manteniendo la apropiaci�n individual y la direcci�n del proceso de
        producci�n.



        *4. Democracia acad�mica y democracia sin adjetivos: la forma de los
        l�mites.*



        Esta invisibilizaci�n y falta de puesta en crisis, se ve en
        que la homologaci�n y reforma de los modos de producir conocimiento, tanto
        en sus contenidos (planes de estudio) como en sus formas (cr�tica a la
        forma c�tedra), es producido ni m�s ni menos que por una tendencia actual
        del Capital mismo, �vido de depuraci�n de los vetustos elementos que
        impiden la valorizaci�n y cualificaci�n de la fuerza de trabajo en este
        rubro. As� tenemos la muestra m�s palpable de los l�mites estrechos que
        posee la mera reivindicaci�n dentro de los aparatos que nos brinda la
        democracia acad�mica y representativa en general. La defensa de las
        reivindicaciones dentro de la cancha, las reglas y el juego establecidos
        por el capitalismo, tienen como (obvia) consecuencia la colaboraci�n con su
        reestructuraci�n general (previa despolitizaci�n y p�rdida de todo
        horizonte antag�nico).

        He aqu� el problema de esta disparidad: las pr�ximas elecciones de consejo
        directivo evidencian la replicaci�n de la tendencia social general hacia
        una recomposici�n de la legitimidad estatal, con la representaci�n pol�tica
        del caso, a�n en territorios como el universitario donde el ideario burgu�s
        de una persona un voto no existe. Esa misma recomposici�n cerc� las magras
        pero existentes intervenciones de cuestionamiento de la estructura
        universitaria e intensific� una agenda pol�tica meramente reivindicativa
        por parte de la izquierda. En este escenario, la falta de pr�cticas de
        intervenci�n de las relaciones sociales que estructuran los claustros hace
        que la izquierda sea hoy mero furg�n de cola de las tendencias progresistas
        y liberales de una parte y, por otra, que las intervenciones de
        democratizaci�n en las producci�n de conocimiento experimenten un techo
        mucho m�s bajo.

        No obstante, no queremos eludir el bulto, ni pretendemos desconocer las
        dificultades de practicar la democracia sin adjetivos, especialmente en un
        �mbito hostil a dichas pr�cticas, con tiempos y tradiciones muy distintas a
        las de horizontalidad, autonom�a y revocabilidad. Como ejemplo, con la
        experiencia de *Revocables...*, minor�a de estudiantes en la JD de la
        carrera de Filosof�a por dos a�os, no enga��bamos a nadie: �Deploramos la
        representaci�n pol�tica�. Con esta �plataforma�, *Revocables�* obtuvo *340
        votos*. Sin embargo, en las reuniones *Revocables�* los cuerpos
        presentes *jam�s
        superamos el 10% de ese n�mero electoral*. Es decir: la pr�ctica cedi� ante
        una l�gica representativa, y no pudo ni supo sobreponerse a ella. Esto
        denota un l�mite muy marcado sobre la autoorganizaci�n y la pr�ctica de la
        democracia sin adjetivaciones, l�mite que reconocemos y problematizamos, y
        que opera impidi�ndonos generar efectivamente las condiciones suficientes
        para superar las actuales pr�cticas hegem�nicas que derivan en m�s
        democracia representativa. Dichos l�mites tienen su fundamento en los
        distintos escenarios que hemos estado describiendo, en la monopolizaci�n
        del sentido que estas pr�cticas hegem�nicas establecen sobre lo que es o no
        es posible hacer, como as� tambi�n en las propias fuerzas de nuestra
        organizaci�n, y son en definitiva los que nos llevan a no presentarnos como
        agrupaci�n en estas elecciones. Estos l�mites nos constri�en en los
        diversos intentos de construcci�n y trabajo de base que estamos llevando
        adelante, lo cual se evidencia en que dichos intentos no han podido todav�a
        masificarse ni instituirse como tales. Todo lo contrario, est�n vi�ndose
        hoy incluso reemplazados por aparatos y representantes que justamente
        parecen prescindir de ese previo trabajo que mencionamos. No obstante, como
        resaltamos al principio, diversos intentos y ensayos de esta pr�ctica se
        siguen llevando adelante, a pesar de que, ciertamente, el resultado de
        estas elecciones pueda modificar sensiblemente el escenario en el que estas
        pr�cticas se llevan adelante.

        Dicho todo esto, aclaramos: creemos que participar de los canales de
        democracia burguesa forma parte de los mecanismos para forzar un verdadero
        proceso de democratizaci�n (como ya dijimos, hemos intervenido en estos
        canales). Pero tambi�n creemos que esta participaci�n debe formar parte de
        un planteo antag�nico que le otorgue sentido, y no se quede meramente all�.
        Consideramos que, para participar en dichos canales en forma antag�nica y
        no meramente reivindicativa, es necesario que est� construida una cr�tica
        te�rica-pr�ctica a dicho proceso para poder problematizar la estructura
        acad�mica desde dentro. En nuestra lectura de situaci�n, y nuestras
        consiguientes fuerzas, esto no est� dado. Pero tambi�n sabemos que toda
        situaci�n dada es hist�rica y social y, por lo tanto, pasible de ser
        trasformada por procesos de auto-instituci�n colectiva. Convocamos entonces
        abierta y p�blicamente a discutir esta y otras lecturas, al mismo tiempo de
        pensar y elaborar posibles acciones democratizadoras (emancipatorias) en,
        desde y en contra de, una democracia acad�mica fortalecida.



        * *

        *Convocatoria a discutir abierta y p�blicamente, sin distinci�n de claustro
        ni de carrera*

        * *

        *S�bado 24 de agosto, a las 14:00 hs. aula 108 de la Facultad de Filosof�a
        y Letras de la UBA***

        ------------------------------

        [1] <#_ftnref1> En el a�o 2006 se aprueba para varias carreras el seminario
        colectivo �Conocimiento, verdad y poder�. Dos a�os m�s tarde, el seminario
        se transforma en la materia colectiva �Epistemolog�a y m�todos de la
        investigaci�n social�, aprobada por el departamento de antropolog�a y
        dictada tambi�n para la carrera de Edici�n. Desde entonces la carrera de
        antropolog�a ha conocido una forma alternativa de cursada colectiva y
        horizontal, una experiencia de intervenci�n en junta con mandato rotativo y
        revocable y durante este �ltimo a�o, a la materia de Epistemolog�a se le
        suma la presentaci�n de un seminario del colectivo Antroposex y el
        seminario colectivo impulsado desde el Taller de metodolog�a de la
        investigaci�n. Podemos hacer referencia a una situaci�n similar en la
        carrera de Filosof�a. En 2003 �Verdad cient�fica y subjetividad pol�tica/
        Subjetividad cient�fica y verdad pol�tica. Las ilusiones de la raz�n y la
        raz�n de las ilusiones�. En 2006 el seminario �Conocimiento, Verdad y
        poder�; en 2007 �Filosof�a, Historia y Comunidad� y la revista de
        filosof�a, est�tica y pol�tica Amartillazos (revista de car�cter
        autogestado que se suma a la ya existente Dial�ktica que data de comienzos
        de los 90); y en 2008 �Borges Problem�tico�. A esta n�mina hay que agregar
        variadas experiencias impulsadas por compa�eros y compa�eras de Estar
        Siendo como �Filosof�a y pensamiento popular latinoamericano, una
        integraci�n pedag�gica, social y cultural�. Por �ltimo Revocables�gan� la
        minor�a estudiantil durante el per�odo 2009-2010.


        --
        *Nodo - Colectivo de co-organizaci�n militante*
        http://www.nodocoorganizacion.com.ar/
        Documentos <http://www.nodocoorganizacion.com.ar/?page_id=128>
        Activaciones <http://www.nodocoorganizacion.com.ar/?page_id=125>


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