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Fw: Fallo de la Corte de Columbia sobre caso termorio

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  • JUAN PABLO CARDENAS
    ... From: JUAN PABLO CARDENAS To: JUAN PABLO CARDENAS ; mmonroytorres@cable.net.co; mcmorales@multiphone.net.co;
    Message 1 of 2 , May 29, 2007


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      From: JUAN PABLO CARDENAS <jpcm2001@...>
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      Sent: Tuesday, May 29, 2007 9:29:07 AM
      Subject: Fw: Fallo de la Corte de Columbia sobre caso termorio



      ----- Forwarded Message ----
      From: JUAN PABLO CARDENAS <jpcm2001@...>
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      Sent: Tuesday, May 29, 2007 9:27:02 AM
      Subject: Fallo de la Corte de Columbia sobre caso termorio

       

      A la presente acompaño la decisión  del 25 de mayo de 2007, que fue remitida por   John Rooyne, en la cual la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia decide sobre la solicitud de Termorio de hacer cumplir el laudo arbitral proferido en el caso Termorio c/ Electranta y que fue anulado por el Consejo de Estado.

       

      Como es conocido por todos a nivel internacional en algunos casos las Cortes de diversos países han considerado que es posible hacer cumplir laudos anulados en el país en el cual fueron proferidos. Así lo decidió la Corte de Casación Francesa en el caso Hillmarton de 1994, en el cual, además de referirse a las causales para negar el reconocimiento en el Código de Procedimiento Civil Francés, señaló que se trataba de un laudo internacional que no se incorporó al orden jurídico del estado sede del arbitraje, cuya existencia se mantiene a pesar de la anulación y cuya ejecución en Francia no es contraria al orden público internacional. Igualmente la Corte de Columbia en los Estados Unidos en el caso Chormalloy en 1996 había aceptado reconocer un laudo anulado en Egipto, por considerar que la Convención de Nueva York otorga al Juez la facultad de decidir sobre el particular, y que en el caso concreto reconocer la decisión del juez egipcio de anular el laudo violaría los principios del ordenamiento americano a favor del arbitraje. No obstante, en el caso Baker Marine en 1999, la Corte del Segundo Circuito de los Estados Unidos se negó a reconocer un laudo anulado.

       

      En el presente caso de Termorio la Corte de Columbia señala que por regla general un estado secundario (esto es aquél en que se pide el reconocimiento) no debe hacer cumplir un laudo que ha sido anulado por la autoridad competente del estado primario (es decir el país sede del arbitraje). Señala que en este caso el Consejo de Estado es la autoridad competente y nada indica que el procedimiento ante el Consejo estuvo manchado o que la decisión de dicha Corte no es auténtica.  Señala la Corte que en este sentido se apoya en la decisión Baker Marine. En todo caso advierte que el presente caso se distingue del caso Chromalloy, porque en este último en el contrato se había renunciado a cualquier apelación para anular el laudo. Afirma que la Convención de Nueva York no respalda un régimen en el cual los estados secundarios (aquellos en los que se solicita el reconocimiento) pueden rutinariamente reexaminar la decisión de la Corte del Estado primario, cuando dicha Corte ha actuado legalmente en ejercicio de su autoridad. Afirma que para aplicar el artículo V(1)(e)  de la Convención de Nueva York en lo relativo a examinar el valor de la decisión de la Corte del estado primario que anuló el laudo, se debe ser muy cuidadoso en determinar el concepto de orden público. En tal sentido precisa que ello no puede ser simplemente examinar cual habría sido el tratamiento en las Cortes del estado secundario si el laudo hubiese sido pronunciado en ese país, pues   la Convención reconoce que los Estados pueden tener diferentes causales de anulación.  Finalmente reafirma que un fallo no se puede hacer cumplir por ser contrario al orden público cuando contraria las nociones fundamentales de lo que es decente y justo en el estado en que se pide el cumplimiento. Un fallo tiende a afectar el orden público cuando mina el interese público, la confianza en la administración de la ley o la seguridad para los derechos individuales de libertad personal o propiedad privada.

      Finalmente, señala que no se ha probado que el fallo del Consejo de Estado viola las nociones básicas de justicia.

       

       Cordialmente,

       

      Juan Pablo Cárdenas



    • JUAN PABLO CARDENAS
      A la presente acompaño la decisión del 25 de mayo de 2007, que fue remitida por John Rooyne, en la cual la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia
      Message 2 of 2 , May 29, 2007
         

        A la presente acompaño la decisión  del 25 de mayo de 2007, que fue remitida por   John Rooyne, en la cual la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia decide sobre la solicitud de Termorio de hacer cumplir el laudo arbitral proferido en el caso Termorio c/ Electranta y que fue anulado por el Consejo de Estado.

         

        Como es conocido por todos a nivel internacional en algunos casos las Cortes de diversos países han considerado que es posible hacer cumplir laudos anulados en el país en el cual fueron proferidos. Así lo decidió la Corte de Casación Francesa en el caso Hillmarton de 1994, en el cual, además de referirse a las causales para negar el reconocimiento en el Código de Procedimiento Civil Francés, señaló que se trataba de un laudo internacional que no se incorporó al orden jurídico del estado sede del arbitraje, cuya existencia se mantiene a pesar de la anulación y cuya ejecución en Francia no es contraria al orden público internacional. Igualmente la Corte de Columbia en los Estados Unidos en el caso Chormalloy en 1996 había aceptado reconocer un laudo anulado en Egipto, por considerar que la Convención de Nueva York otorga al Juez la facultad de decidir sobre el particular, y que en el caso concreto reconocer la decisión del juez egipcio de anular el laudo violaría los principios del ordenamiento americano a favor del arbitraje. No obstante, en el caso Baker Marine en 1999, la Corte del Segundo Circuito de los Estados Unidos se negó a reconocer un laudo anulado.

         

        En el presente caso de Termorio la Corte de Columbia señala que por regla general un estado secundario (esto es aquél en que se pide el reconocimiento) no debe hacer cumplir un laudo que ha sido anulado por la autoridad competente del estado primario (es decir el país sede del arbitraje). Señala que en este caso el Consejo de Estado es la autoridad competente y nada indica que el procedimiento ante el Consejo estuvo manchado o que la decisión de dicha Corte no es auténtica.  Señala la Corte que en este sentido se apoya en la decisión Baker Marine. En todo caso advierte que el presente caso se distingue del caso Chromalloy, porque en este último en el contrato se había renunciado a cualquier apelación para anular el laudo. Afirma que la Convención de Nueva York no respalda un régimen en el cual los estados secundarios (aquellos en los que se solicita el reconocimiento) pueden rutinariamente reexaminar la decisión de la Corte del Estado primario, cuando dicha Corte ha actuado legalmente en ejercicio de su autoridad. Afirma que para aplicar el artículo V(1)(e)  de la Convención de Nueva York en lo relativo a examinar el valor de la decisión de la Corte del estado primario que anuló el laudo, se debe ser muy cuidadoso en determinar el concepto de orden público. En tal sentido precisa que ello no puede ser simplemente examinar cual habría sido el tratamiento en las Cortes del estado secundario si el laudo hubiese sido pronunciado en ese país, pues   la Convención reconoce que los Estados pueden tener diferentes causales de anulación.  Finalmente reafirma que un fallo no se puede hacer cumplir por ser contrario al orden público cuando contraria las nociones fundamentales de lo que es decente y justo en el estado en que se pide el cumplimiento. Un fallo tiende a afectar el orden público cuando mina el interese público, la confianza en la administración de la ley o la seguridad para los derechos individuales de libertad personal o propiedad privada.

        Finalmente, señala que no se ha probado que el fallo del Consejo de Estado viola las nociones básicas de justicia.

         

         Cordialmente,

         

        Juan Pablo Cárdenas




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