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¿por qué no un solido bloque?

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  • Eduardo Castro G. de la T.
    Por: Juan Ramón Arrisueño Gómez de la Torre En los casi 6,000 años de historia del hombre existe un fenómeno común y constante que le ha acompañado en
    Message 1 of 1 , Dec 8, 2004
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      Por: Juan Ramón Arrisueño Gómez de la Torre


      En los casi 6,000 años de historia del hombre existe un fenómeno común y constante que le ha acompañado en su desarrollo y en su dinámica modernizante, este factor, nato o no en el hombre, ha sido determinante y crucial en toda la historia, nos referimos a la violencia como accionar permanente en las relaciones del hombre con sus congéneres.

      Si bien existen variados estudios que pretenden comprobar que el hombre desde los albores de su historia ha orientado su quehacer diario para subsistir a través de acciones pacíficas, la historia registra pocas sociedades pacifistas, entre ellas: los Esquimales, los Pigmeos y los Bosquimanos del Kalahari; situación esta excepcional, ya que el hombre por la necesidad de sobrevivir se ve obligado a defender y proteger sus territorialidad para ejercer su trabajo cotidiano de caza, pesca y cultivo; así incluso en las Escrituras Sagradas de la Biblia en el Libro del Éxodo cuando Dios habló a Moisés le hizo la promesa de entregarle la Tierra Prometida para que la cultivaren y la guardaren.

      Es por esto que podemos resaltar el hecho de que el conflicto ha sido permanente en la sociedad humana, y que siendo un hecho tangible en nuestras vidas, tenemos que planificar para evitar las secuelas que producen las acciones bélicas incontroladas.

      Por ejemplo la Independencia de América Latina se logró de un gran esfuerzo que realizamos nosotros mismos entre 1810 y 1825, esos quince años de lucha causaron el más alto momento de unidad y la más colosal oportunidad que ha tenido nuestro continente en toda su historia. Exceptuando a México y Brasil durante la lucha por la independencia, los ejércitos libertadores americanos, sus oficiales y sus soldados lucharon por la misma causa , cualquiera que fuera su nacionalidad ó su origen (las fronteras ó limites fueron dejadas de lado).

          Los jefes de los ejércitos y los caudillos no tenían una referencia nacional, sino la de exclusivamente sus méritos en la lucha. San Martín, por ejemplo, es héroe en Argentina, también en Chile y el Perú, como Bolívar y Sucre desde Venezuela hasta Bolivia.

          A principios del siglo pasado, éramos mucho más que un proyecto de unidad y de poder regional con relación a la fatal dispersión actual. La identidad compartida latinoamericana era el signo común e identifica torio. Era también la base sobre la que se cimentaba una promesa de futuro extraordinaria. No es casual que Bolívar hubiera acuñado esta frase "América la reina de las naciones" (una suerte de visión de poder a través del concepto de bloque).

          Esta identidad latinoamericana llego a ser tan fuerte que la referencia a la nacionalidad de origen era tan solo un mero dato. En Chile, por ejemplo, luego de la independencia, el ministro de relaciones exteriores era un venezolano y fue senador de la república por más de 20 años; además, argentinos eran parlamentarios y hasta el jefe del ejército libertador lo era. Los más brillantes embajadores eran guatemaltecos.

          José Martí, que es el padre de la patria en Cuba, era el cónsul general del Uruguay en los Estados Unidos y como estos hay muchos ejemplos.
                                                     
          ¿Qué era lo que sabían estos líderes de la independencia, constructores de esta América?. Desde luego, sabían que la colonia española abarcaba desde California-Texas hasta Tierra de Fuego, casi de un polo al otro; además se hablaba un mismo idioma y se adoraba un mismo Dios. También sabían que en el momento de la independencia nuestro territorio (América Latina), que tenía más de 15 millones de kilómetros cuadrados sin Brasil, abarcaba una extensión tres veces mayor que el Imperio Romano, inacabables recursos naturales y el indudable progreso que sobre ellos se podía sustentar.

          Bolívar lo sabía y eso desataba su visión de futuro ante la enormidad de oportunidades que se abrían. América unificada y soberana abría un potencial de desarrollo nunca antes conocido en la historia del planeta.

          Otros factores hacían de todo esto, una realidad concreta y tangible, que tiene que ver no sólo con lo geográfico y con lo natural, sino también con lo social. Al momento de la independencia, América  Latina contaba con 15 millones de habitantes, mientras Estados Unidos apenas tenía 5 millones.

          Nuestro Mariscal Ramón Castilla en 1854 declaro libres a todos los esclavos (mas de 41,0000), 9 años antes de que Abraham Lincoln uno de los mas grandes presidentes de los Estados Unidos de Norte América, pasara a la posteridad entre otros hechos, por abolir en su país, la esclavitud de los negros (cuando Castilla abolió todo tipo de  esclavitud en el Perú, Lincoln ni siquiera pertenecía al partido Republicano de los Estados Unidos). Además:

      §   Cuatro universidades funcionaban en América Latina 100 años antes de que se fundara Harvard, la universidad más antigua de los Estados Unidos;
      §   Cien imprentas funcionaban en América Latina antes que funcionara la primera en Nueva York;
      §   Ocho ciudades latinoamericanas llegaban a más de 50 mil habitantes, cuando en  Estados Unidos no había ni una sola que llegara a este tamaño,
      §   El sur producía globalmente 30 veces más que Norteamérica.

          Esa era la realidad a principios del siglo XIX: en comparación con Norteamérica esta era la parte rica del continente, también era la más desarrollada; sin embargo, todo este potencial, toda esa riqueza, sobre la que los libertadores soñaron construir esta gran patria, se dilapidó de manera inexplicable.



          Trescientos años después de la conquista española, y una ves conseguida la tan ansiada independencia americana, América Latina eligió el camino de la dispersión y la separación, que han marcado nuestra historia en el último siglo y medio.

          La ruptura de la unidad y los errores de nuestros gobernantes sometieron al continente a un ininterrumpido suceder de tiranías, dictaduras, retornos momentáneos a las democracias tradicionalmente débiles y excluyentes, las cuales históricamente fueron sucumbiendo ante su propia incapacidad por representar algo que nunca fueron.

          Nuestra identidad Americana y primordial, se perdió. La condena de la desunión, de la división y del fracaso, se reflejo mejor que nada en la frágil estabilidad de las democracias que hemos construido en más de 160 años. El mayor ejemplo de esto se puede graficar en las más de 236 constituciones que nos hemos dado desde la independencia, tratando de ser de manera muy necia, lo que nunca fuimos.

          Veinte países surgieron del fracaso, 20 estados distintos con fronteras imprecisas, con 20 aduanas distintas para impedir la libre circulación de nuestros bienes. El gran ejército libertador latinoamericano quedó dividido en 20 ejércitos diferentes, 20 monedas diferentes que paradójicamente y en alguno de los casos,  llevan el nombre de los libertadores: Bolívar, Sucre.

          Veinte estados pequeños que consumieron, durante más de medio siglo, sus esfuerzos en guerra fraticidas, tratando de delimitar fronteras que antes no existían. Guerras que consumieron nuestras riquezas y diezmaron lo mejor de nuestra población: Chile contra Perú y Bolivia. Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay que casi llegaron a exterminarlo. Bolivia contra Paraguay. Perú contra Ecuador. Brasil contra Uruguay, Colombia contra Venezuela y Panamá. Finalmente, Centro América en todas sus fronteras.

          Hoy día, casi dos siglos después, todos los países latinoamericanos mantenemos disputas territoriales y todos nos hemos obligado a gastar inmensos recursos para sustentar nuestra seguridad contra nosotros mismos.

          Nuestro continente es el más rico y el más vacío de la tierra. Cada latinoamericano posee per cápita de 5 a 6 veces más tierra que un asiático y 7 veces más que un europeo. El continente tiene los más fabulosos recursos hídricos, bosques, mares, los dos océanos más grandes del planeta, sólo en el Perú existen más del 90% de los microclimas existentes en el planeta, además América Latina cuenta con riquezas minerales inagotables, petróleo y reservas estratégicas suficientes para por lo menos cinco siglos más.

          La dispersión trajo como consecuencia inevitable la debilidad y, esta debilidad, fundada en la división, ha sido lo que ha permitido, entre otras cosas, la humillante intervención extranjera que hemos tenido que de alguna manera, soportar: México fue despojado de la mitad de su territorio, América Central y el Caribe han sido varias veces víctimas de las intervenciones extranjeras. En el siglo XIX, potencias europeas atacaron Buenos Aires y Montevideo, bombardearon Venezuela, invadieron México, financiaron la guerra civil en Chile en 1891 y se aseguraron, de paso, el control de sectores claves de las economías latinoamericanas, especialmente nuestros yacimientos mineros y las riquezas energéticas.

          Luego vinieron otras intervenciones: Guatemala en el 50, Santo Domingo en el 60, Granada en el 70, Nicaragua en el 80, Panamá en el 90, en fin, a cada paso, década a década, nuestras frágiles naciones divididas han sido fáciles víctimas de designios extranjeros. Podemos sostener entonces que estuvo al alcance de la mano de América Latina haber sido como soñó Bolívar "la reina de las naciones".

          Se sepultó el sueño Bolivariano con un fracaso que dura ya un siglo y medio y del cual las víctimas son los pobres de América. Inexplicablemente nuestros dirigentes de turno, se encargaron de: fraccionar el continente en pequeños estados, e imponer un modelo de organización, copiado del modelo francés, que nunca ha terminado de asentarse realmente como un modelo conveniente y útil para nuestro desarrollo.

      §   Las leyes civiles, por ejemplo, se copiaron del Código Napoleónico.
      §   Los principios rectores de la legislación se fundamentan en el Derecho Romano.
      §   Los tipos penales y los fundamentos del sistema normativo procesal penal se copiaron del código alemán y del italiano.
      §   El derecho mercantil y financiero se copió del francés y se asimilaron las instituciones de crédito inglesas.

          Entonces, el estado republicano que se impuso no fue el producto de la creación y la concreción de una utopía de sociedad, de un sueño de nación propia; fue mas bien producto de una mala copia, todos estos años hemos tratado de importar sistemas sin darnos siquiera la oportunidad de crear sistemas propios sobre los cuales seguramente se hubiese conseguido resultados auténticos y de seguro exitosos.

          Desde la derrota del ideal Bolivariano, las democracias instaladas en nuestras repúblicas, se constituyen en gobiernos de minorías, bajo fórmulas legales, con procedimientos constitucionales o sin ellos, pero siempre gobiernos de minorías. Sobre todo, respecto de los intereses que se han privilegiado.

          La historia de la instalación de este modelo ha sido traumática. Desde 1810 a 1863, por ejemplo, sólo un presidente venezolano pudo terminar su mandato constitucional. Todos los países latinoamericanos han conocido dictaduras, caudillismos, guerras civiles. Tenemos el caso extremo de Bolivia, que llegó a registrar más golpes de estado que años de vida independiente.

          La prueba principal de ésta afirmación es que, siendo como somos, naciones tan ricas aún, nunca, en todos nuestros ensayos, en todos los modelos y propuestas políticas, en todas las propuestas autoritarias que hemos intentado, hemos logrado satisfacer las necesidades de la mayoría de nuestra población. Basta decir, y no es un secreto, que la mitad del pueblo latinoamericano no tiene suficiente para vivir.

          Lo dicho, constituye un punto de partida para cualquier concepción de seguridad democrática. Sociedades en las que a la mitad de la población no le alcanza para cubrir lo indispensable para subsistir, son sociedades inseguras.

          Varias veces, y desde los distintos sectores de la sociedad latinoamericana, hemos buscado explicaciones a esos males y los hemos venido transformando en dogmas. Hasta hace poco, por ejemplo, tuvimos que escuchar en América Andina, recurrentemente el argumento de que todos los males eran causa de la dominación española. Estuvo de moda todo ese tema a propósito de los 500 años (en los años 90)

          Quinientos años son muchos años y además la historia de los que somos hoy comenzó con la derrota del imperio español. No es cierto que los problemas que afectan al segmento indígena de nuestra población sean los más importantes problemas del continente. la verdad es que no se puede entender una solución a los problemas del mundo indígena aislado de una solución a los problemas del mundo negro o gitano o mestizo o europeo que habitan en nuestros países.

          Durante mucho tiempo, le echamos la culpa y responsabilidad de nuestros males a algunas verdades: la dominación del imperialismo, los desiguales términos de intercambio entre nuestros productos y los del mundo desarrollado, etc. Esto es verdad en parte. Pero, nunca dijimos lo que había que decir sobre nuestra responsabilidad, sobre nuestra forma de hacer las cosas como causa de los problemas. Por ejemplo, cómo la brutal concentración de riqueza latinoamericana y su mantenimiento en estado ocioso y especulativo es causa de nuestros problemas. Como la desigual distribución de la riqueza afecta directamente las posibilidades de desarrollo. Esa es una forma nuestra de hacer las cosas.

          Después, encontramos otra "verdad": la deuda externa. Tuvimos 10 años para hablar de la deuda externa como la causa de nuestros problemas. Se convirtió en otra ecuación sencilla: La culpa es de la deuda, la solución es no pagar. No es verdad porque la deuda, más que causa, es consecuencia de nuestra forma de administrar y hacer las cosas (gastar mas de lo que ingresa). De otra manera, no por una decisión sino por un hecho fáctico, la mayoría de nuestros países no pagaba la deuda y eso tampoco resolvió  nuestros problemas.

          También han surgido otras explicaciones, muchas veces convertidas en mito colectivo. Por ejemplo, que somos países chicos. Eso es verdad en comparación con lo que íbamos a ser. Sin embargo, países como Nicaragua, Guatemala y Honduras, que son los más pequeños de América Latina, son cuatro veces más grandes que Bélgica y Holanda. Chile es tres veces más grande que Inglaterra o que Italia o que Japón. Perú es más grande que España, Portugal, Francia, Suiza, Bélgica y Holanda juntos. Argentina es tan grande como la India y este país tiene 700 millones de habitantes. Brasil es comparable con Estados Unidos ó con China.

          Se ha dicho que somos países pobres como otra explicación. Cuando tenemos más de 600 millones de hectáreas de tierra agrícola cultivable, con la mayor capacidad de cultivo de alimentos de todo el planeta.

          Se ha dicho que somos países nuevos y es otra mentira. ¿Nuevos en lo cultural? Cuando nuestras dos vertientes culturales son milenarias. La cristiana y las autóctonas de los grupos indígenas corresponden a culturas tan antiguas como la egipcia y mucho más antiguas que las europeas.

          Si medimos nuestra edad desde cuando nacimos como naciones, somos bastante viejos. Bélgica, Noruega, Finlandia, Rumania, Checoslovaquia, Islandia, Bulgaria, entre otros, son países más nuevos que nosotros y, hasta hace cuarenta años, eran más pobres,

          Otra explicación, comúnmente aceptada, es que la culpa es de la raza. Esto es una de las explicaciones más cruelmente falsas. Somos hijos de España y Portugal, hijos de Araucanos, Aymaras, Aztecas, Incas, Quechuas, y Mayas.

          España y Portugal, que conquistaron América Latina en los siglos XVI y XVII, eran la mayor expresión de poder, cultura y organización de su época. Aportaron a la humanidad grandes santos, poetas, políticos, navegantes, científicos y militares. San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santa Teresa de Ávila ó San Juan de la Cruz. Veamos el impacto de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Velásquez, El Greco. Algunos de los gobernantes como Enrique el navegante, los Reyes Católicos, Carlos V o Felipe II.

          Aportaron los genios militares más grandes de la historia como Juan de Austria, Gonzalo de Córdova, Hernán Cortés, Francisco Pizarro. Grandes marinos y descubridores cuya intrepidez sólo es comparable con la de los fenicios: Colón que descubrió este mundo, Vasco Da Gama que abrió el camino al Indico contorneando el África, Magallanes que encontró el paso del Atlántico al Pacífico uniendo los dos mayores océanos de la tierra, Sebastián El Cano quien fue el primer hombre en circundar el globo terráqueo.

          Somos también hijos de los padres de esta tierra, cultores de civilizaciones antiguas que habitaban, al momento del descubrimiento, ciudades mayores que Madrid. De tanta magnificencia como las capitales de los imperios griego y romano: Tenochtitlán, Cuzco, Machu Pichu. Pueblos con una organización social, económica y política altamente avanzada para 15 ó 20 millones de habitantes que vivían en esta tierra.

          Últimamente, hemos oído otra justificación: la explosión demográfica; tan falsa como las anteriores. Argentina tiene casi el territorio de la India y tiene sólo 30 millones de habitantes mientras, en India hay casi 800 millones. Ya dijimos que somos el continente más vacío de la Tierra, cada latinoamericano dispone para vivir un promedio, de siete veces más tierra que un europeo y cinco veces más que un asiático.

          Por todo esto que mas certeza que afirmar que lo que nos pasa es nuestra entera responsabilidad y lo que nos vaya a pasar también será definitivamente, obra nuestra.

          Sólo nosotros los latinoamericanos que habitamos en un continente que es dos y media veces más grande que Estados Unidos o Europa, con cuatro veces más tierra agrícola que China, con inmensos bosques, praderas, ríos, lagos, con yacimientos gigantescos de carbón, cobre, petróleo, estaño, níquel y Urano y muchos otros minerales indispensables para el desarrollo y con los dos océanos del planeta bañando sus costas, podremos  ponernos  en camino a derrotar la pobreza actual en la que vivimos.

          Puesto de otro modo ¿Podemos acaso los latinoamericanos de hoy ser capaces de cambiar nuestra actual situación de injusticia y de violencia, donde de acuerdo a todas las estadísticas, se consagra el privilegio de pocos y se despoja del derecho a vivir a centenares de hombres y mujeres obligándolos a padecer hambre, donde el 1% de la población es dueño del 65% de la tierra, y donde los más ricos se apropian de 40 veces más riqueza que los más pobres?

          Cabe hacer notar además, que la mayoría de los latinoamericanos residentes en los Estados Unidos, son tratados como ciudadanos de tercera categoría y a pesar de esto, no doblegan en su afán de mejorar día a día, incluso considerando el hecho de que el no vivir en su patria, los casi condena a esos tratos de discriminación.

          El siglo XXI, nos demanda a todos los latinoamericanos un reto y a la vez nos brinda una nueva oportunidad y en la cual si sabemos aprovecharla, podremos demostrarle a todos aquellos que dieron sus vidas por la emancipación americana que su sacrificio y entrega no fue en vano, así como también demostrarle al mundo la real valía de nuestra América Latina.

          Tomemos todo lo mencionado como motivo de profunda reflexión ya que hoy con el nuevo escenario en que vivimos en la actualidad,  ya no queda espacio para países y naciones aisladas enfrentándose solas a la nueva vorágine  que significa el fenómeno de la Globalización, los Tratados de Libre Comercio, el internet y las nuevas tecnologías en telecomunicaciones, es por todo esto que, se nos presenta una nueva oportunidad de unificación y estará únicamente en nosotros el poder invertir el curso que hasta hoy tuvo nuestra historia, dándonos por una buena vez la oportunidad que nosotros mismos nos negáramos en  estos últimos mas de 160 años al separarnos.
                 
      Por un simple principio de aritmética se puede afirmar sin lugar a dudas que siempre la unidad será mayor que las partes, por lo que trabajar por una sólida unificación debe ser nuestra actitud permanente, ya que hoy nos toca a nosotros la noble misión de lograr la segunda Independencia (el Desarrollo Continental) y unirnos para ser un sólido bloque y una sola nación.

      Los mitos del “mundo sin fronteras” ya no son racionalizaciones burdas de consultores y futurólogos, sin base empírica y  sin operatividad empresarial, los mercados globalizados ya no necesitan al estado, como fue el caso a lo largo de toda la historia de la humanidad, y en particular del proceso de industrialización en los dos últimos siglos.

      La incapacidad de los estados para decidir por si solos, en un mundo en que las economías nacionales son globalmente interdependientes, obliga a la adaptación de regulaciones las cuales terminan por lo general siendo inaplicables, y por lo tanto podemos afirmar que la peor forma de descontrol es mantener vigente lo que no se puede aplicar.

      Esta nueva oportunidad de unificación que se nos presenta no podemos ni debemos perderla, empecemos ya esta labor con espíritu  pujante, no permitamos que la severidad  de los tiempos actuales  nos amilanen y demostremos que nosotros, los latinoamericanos, somos superiores  a los escollos y problemas que la vida nos impone; avancemos a paso firme teniendo  siempre presente el poder hacer realidad en muy poco tiempo el gran sueño de unificación americana de Simón Bolívar y convertirnos finalmente en:
      "LA REINA DE LAS NACIONES"- una suerte de visión de poder a través del concepto de bloque Y creo esto por que me parece que América Latina, esta condenada a la Grandeza...



      Juan Ramón Arrisueño Gómez de la Torre





      Saludos,

      Eduardo

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