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presentación del libro, La memoria que no cesa... este viernes en el fortín............(Book Presentation at the Fort on Friday)

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  • Robert Rabin
    Este viernes, 9 de noviembre a las 7pm en el Museo Fuerte Conde de Mirasol, Vieques PRESENTACIÓN DEL LIBRO La memoria que no cesa, de Wenceslao Serra Deliz La
    Message 1 of 1 , Nov 7, 2012
      Este viernes, 9 de noviembre a las 7pm en el Museo Fuerte Conde de Mirasol,
      Vieques

      PRESENTACIÓN DEL LIBRO

      La memoria que no cesa, de Wenceslao Serra Deliz



      La presentación estará a cargo del escritor viequense, Dr. Carmelo Rodríguez
      Torres



      El autor estará con nosotros para dialogar y autografiar el libro que estará
      a la venta.





      http://www.claridadpuertorico.com/content.html?news=BCCB73B80B8E4034E114317F
      E3BD7EA3



      Valentía, Valor, valerosidad: La memoria que no cesa



      El segundo capítulo Arrabal amargo: El barro de la ilusión narra la vida ya
      en ese entorno social de la miseria y la necesidad, pero a la vez muestra el
      tesón de una madre por mantener a raya la adversidad. -La memoria que no
      cesa de Wenceslao Serra Deliz

      Margarita Maldonado Colón



      La memoria que no cesa es el relato de los recuerdos del poeta, ensayista,
      narrador, editor y promotor cultural Wenceslao Serra Deliz. El texto es una
      memoria que recoge no sólo su historia individual sino también la historia
      colectiva de un sector de nuestra sociedad representado por una familia
      marginada que, a fuerza de tesón y voluntad, logra sobreponerse a la
      adversidad. La obra expresa una concepción de mundo relacionada con la
      búsqueda de un mejor porvenir, fundamentado en el trabajo, el compromiso
      social y en valores positivos, a pesar del entorno de limitaciones y durezas
      que dio génesis al relato.



      El libro se divide en dos partes. La primera, es una narración de los
      primeros recuerdos de la infancia del narrador hasta su adultez, ya casado,
      padre de familia, editor de la Revista de Ciencias Sociales de la
      Universidad de Puerto Rico y, por supuesto, poeta. La segunda, es un
      conjunto de escritos redactados en diferentes épocas que tocan distintos
      aspectos de su vida. Unos sirven de complemento a episodios narrados en la
      primera parte, y otros dan cuenta de su quehacer laboral, cultural, como
      poeta y miembro fundador de la revista Guajana.



      La memoria que no cesa no es poesía, no es cuento, no es ensayo, no es
      novela. Pero en cierta medida es un poco de todo esto. Quien escribe es un
      poeta y se nota evidentemente en el lenguaje que, sin rebuscamientos,
      expresa su sentimiento estético a través de la palabra incluso cuando
      describe los pasajes más sórdidos de sus recuerdos; lenguaje que da un
      sentido de trascendencia a lo narrado y, en ocasiones nos hace sonreír por
      la fina ironía que les imparte a ciertos episodios. Ejemplo de esto es el
      siguiente pasaje:



      “Otro árbol emblemático de mi niñez fue el higüero que adornaba un costado y
      el techo de nuestra letrina familiar. Por él subí muchas veces para sentarme
      a meditar en la sombra que proyectaba sobre el cinc mohoso. Desde allí podía
      observar la llamada con acierto “carretera militar” y una franja azul de mar
      que se traslucía al fondo de una lejana línea de árboles y palmeras. La
      brisa y el paisaje sereno invitaban a la contemplación, pasando de una
      escatología elemental a otra de más alcance que podría catalogarse como
      trascendental. Sin percatarme –como ocurre muchas veces en la vida–, allí
      comenzó a nacer mi vida interior, de la misma forma en que salió el mar de
      los taínos de la gran higüera mítica.”



      El cuentista también se manifiesta en la captación del instante de los
      distintos episodios narrados. Wenceslao narra con clara concisión
      concentrándose en la anécdota, sin divagaciones innecesarias como quien
      cuenta un cuento a sus oyentes. El ensayista, también, se revela en el libre
      desarrollo de sus ideas, sin necesidad de aparatos eruditos para exponerlas
      –que por otra parte conoce muy bien–. Y aunque el autor no pretende ser
      novelista, la estructura narrativa nos hace pensar en la forma de una
      novela, especialmente en la bildungsroman, apelativo que se asigna a la
      novela de autoformación y aprendizaje, según la dialéctica hegueliana. Se
      trata de una apropiación progresiva por el sujeto del entorno social, de la
      naturaleza, de la cultura que lo van formando. Así, Serra Deliz revela las
      circunstancias del sujeto individual y transindividual del que es portavoz
      inconsciente; es decir, al momento histórico, social y cultural vividos por
      él para devolvernos la imagen reflejada en su espejo. Siguiendo la
      terminología que planteaba Lucien Goldmann, en su teoría sociológica de la
      literatura, el individuo, en este caso Serra Deliz, sujeto de la creación
      cultural, expone en su texto una concepción del mundo configurada por su
      experiencia vital como miembro de una familia proletaria de un barrio del
      pueblo costero de Quebradillas. Familia que quedará desposeída a raíz del
      asesinato de un padre artesano, bohemio y nacionalista a manos de la
      Policía. El crimen impune ha de sumir a su numerosa descendencia en la
      marginación. El recuerdo de este suceso doloroso marcará al autor para
      siempre con una mancha indeleble en la memoria:



      “La sangre que todavía manaba de su cuerpo enrojeció la sala y continuó
      brotando a lo largo de la marcha hacia el cementerio, como una denuncia
      terrible de un crimen que permanecería impune para siempre desde aquella
      mañana en que nuestra sumisa madre se irguió con dignidad acusatoria y les
      gritó ¡Asesinos! con toda su alma en el tribunal de distrito de Arecibo.”

      El grito de una madre acostumbrada a la sumisión, desgarra el silencio
      cómplice de un tribunal amañado; pero ese grito no mitiga el dolor de esta
      familia desposeída social y legalmente de su derecho a una vida digna a
      través del trabajo, generador de medios materiales para cubrir las
      necesidades del diario vivir.



      Es así como se inicia el vía crucis de una madre y sus hijos que migran a un
      arrabal de la capital buscando un mejor porvenir. Acto que, paradójicamente,
      los sume en la miseria acosados por la mordida del hambre en sus entrañas.
      Con el tránsito del campo al arrabal y el cambio social de una familia
      proletaria a una desposeída, termina el autor el primer capítulo de la parte
      primera titulado Con los ojos abiertos en un pobre paraíso.



      El segundo capítulo Arrabal amargo: El barro de la ilusión narra la vida ya
      en ese entorno social de la miseria y la necesidad, pero a la vez muestra el
      tesón de una madre por mantener a raya la adversidad. Es el tránsito,
      también, de la niñez a la adolescencia del autor, niñez que comenzó en aquel
      campo feliz de Quebradillas viviendo una felicidad que quedó trunca con la
      muerte del padre. La adolescencia será un adolecer en la búsqueda de esa
      felicidad que parecía haber desaparecido, pero que es iluminada a ratos por
      la intervención de la magia de la inolvidable y maravillosa abuela Isabel y
      por la esperanza nunca perdida en ese barro de la ilusión.



      El tercer capítulo, Nemesio Canales: Un mundo circular, culmina la primera
      parte de estas memorias. La mudanza al caserío Nemesio Canales representa,
      en la vida de esta familia, un paso hacia el progreso. Es en este período en
      que el autor y sus hermanos se van formando. La madre ha ingresado al mundo
      del trabajo asalariado así como los hermanos mayores. El autor se hace
      miembro de la comunidad universitaria, de las luchas y organizaciones
      estudiantiles y del grupo que da origen a la más tarde famosa revista
      Guajana de la que aún es miembro. Termina esta parte narrando la felicidad
      encontrada en el matrimonio y en la familia que aún continúa unida, como una
      compensación, entre otras, que la vida le ha dado.



      La segunda parte, titulada La fuerza de los signos, como mencionamos
      anteriormente, es la complementación de estas memorias a través de
      diferentes escritos sobre diversos temas. Es un conjunto de 36 ensayos,
      amenos, a veces jocosos, a veces serios, a veces tristes, a veces
      conmovedores y otras veces informativos. Recogen temas como recuerdos de la
      niñez, de amigos, la formación de Guajana, la guerra de Vietnam, su labor en
      la División de Educación a la Comunidad con René Marqués, tributo a figuras
      como José Soler Puig, Ferrer Canales y otros, viajes, congresos y festivales
      de poesía. Nos transporta a otras épocas y a otros lugares de un Puerto Rico
      que ya no es el mismo porque se ha transformado, pero que aún vive en
      nuestros recuerdos.



      A través de todo el texto el autor acerca su vida al lector en un coloquio
      en el que casi se percibe su voz pausada, con sus inflexiones, con su fina
      ironía, en confidencia, desnudando su vida con sinceridad, con mucha
      honestidad y, sobre todo, con mucha valentía. El escrito es un cuadro
      compuesto por luces y sombras en un balance que aunque nos acerca a la
      tristeza no se regodea en ella, que aunque nos narra la felicidad en sus
      intermitencias, no cae en un falso optimismo. No pretende dar lecciones de
      vida y ejemplificarla cayendo en moralidades ni didactismos. Sólo nos expone
      una vida y la vida de quienes, como el autor, han tenido que enfrentar la
      adversidad con lucha, con amor al trabajo, con tesón, con deseos de vivir y
      con mucha valentía. La memoria que no cesa es un ejemplo alentador para no
      rendirnos ante la adversidad. Un ejemplo valiente, valeroso y valioso.
      Valiente, por el esfuerzo, ánimo y valentía que requiere enfrentarse a las
      vicisitudes de la vida; valeroso, pues tiene mucha eficacia y sirve de
      ejemplo a los demás; y valioso: porque la experiencia vale mucho, es de
      mucha estima, lo que es ya de por sí un signo de poder. Enhorabuena,
      Wenceslao, poeta y ser humano ganado a fuerza y lucha.





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