A solas
Libros, hojas, libretas
hormigas caminado
y el alma quieta.
Dejare los gritos
en la almohada
y el dolor
durmiendo.
Noche que habla
sin lunas
que le oigan.
Y yo.
Seguire escribiendo
en el eterno beso
de la soledad.
Marant CN
Antonio muere en abril
Que tal
Me presento:
Marco Antonio Carretero Narváez, tengo 28 años, naci en la ciudad y
puerto de Coatzacoalcos, veracruz en México. Soy lic. en Contaduria,
Estudiante de Leyes, Escritor y dibujante de tiempo medio.
Escribo desde que era un niño de 10 años, pero nunca guarde mis
escritos, me gustaba inventar, sobre todo poemas, y rimar era mi
pasión.
Escribir es una pasión que no cambio por nada, y suelo publicar en el
diario de mi ciudad, en las comunidades que he creado. como palabras
del corazon II, y El mundo gris de Marant CN, tengo algunos proyectos
en camino.
Me gusta leer, y soy un todologo, si asi se puede decir.
Sin más ambicion que la de que mi voz, llegue en un alud de letras a
los demás.
Saludos a todos.
Marant CN
Enviado: Sábado, 30 de Noviembre de 2002 04:19 a.m.
Para: Xanadu; utopoesía; Poetas locos; poesía y poetas; Mayoresdecuarenta; literatura contemporanea; Hibridos; escritorcillos; cuentistas y poetas; Amerispanos; Fuente del Berro
Asunto: [cuentistasypoetas]Última carta a nadie, a mí mismo
Última carta a nadie, a mí mismo.
Hoy, José, no te resultó difícil encontrar un nadie a quien escribirle tu carta. Quién te va a reprochar que te escribas a ti mismo... Pero has de hacerlo de forma que no inspires lástima. Tú mismo has dicho muchas veces que inspirar lástima deliberadamente es una acción ruin y despreciable. Primero, ¿por qué te consideras un nadie? ¿No tienes familia, amigos, algún reconocimiento de personas anónimas? ¿No te parece suficiente? Sí, te comprendo, pero ¿no tienes un perro que te sigue a todas partes, que llora cuando te vas, que salta cuando llegas de la calle para lamerte tus manos, su forma de besarte? Y ese mismo perro, que espera una señal tuya para acurrucarse en tu regazo, que exhala un suspiro cuando ha encontrado la postura que no te incomoda, ¿es que no te hace sentir que eres alguien? Y cuando en la mañana, el espera puntual tu hora de levantarte, se despereza y tira de tu colcha para decirte: "arriba, José, es la hora", y tú, aún semidormido, alargas tu brazo y le tocas para decirle:"Blacky, déjame un poco más", y él, sin ganas, vuelve a acostarse en su cama, ¿es que ese gesto no te hace sentir que eres alguien? Y cuando, él nunca te falla para acompañarte en el paseo que das a media tarde, para estirar tus quebrantados huesos intentando ser alguien, y que a la hora habitual ya te ladra, para recordarte que no es vida la tuya, tantas horas sentado delante del teclado, en el intento de transmitir que eres alguien en no sé qué empeño, ¿es que alguien habría de sentirse un nadie con muestras así de afecto, atención y respeto? No tienes motivos para quejarte, ni siquiera mencionar tu soledad, en la que crees falsamente disfrutar de un privilegio. Eres alguien para tu perro, no lo olvides, y lo más importante de este mundo. De haberlo pensado antes, no te habría escrito esta carta.
(JDD 2002)
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. --Antonio Machado--
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Hoy, José, no te resultó difícil encontrar un nadie a quien escribirle tu carta. Quién te va a reprochar que te escribas a ti mismo... Pero has de hacerlo de forma que no inspires lástima. Tú mismo has dicho muchas veces que inspirar lástima deliberadamente es una acción ruin y despreciable. Primero, ¿por qué te consideras un nadie? ¿No tienes familia, amigos, algún reconocimiento de personas anónimas? ¿No te parece suficiente? Sí, te comprendo, pero ¿no tienes un perro que te sigue a todas partes, que llora cuando te vas, que salta cuando llegas de la calle para lamerte tus manos, su forma de besarte? Y ese mismo perro, que espera una señal tuya para acurrucarse en tu regazo, que exhala un suspiro cuando ha encontrado la postura que no te incomoda, ¿es que no te hace sentir que eres alguien? Y cuando en la mañana, el espera puntual tu hora de levantarte, se despereza y tira de tu colcha para decirte: "arriba, José, es la hora", y tú, aún semidormido, alargas tu brazo y le tocas para decirle:"Blacky, déjame un poco más", y él, sin ganas, vuelve a acostarse en su cama, ¿es que ese gesto no te hace sentir que eres alguien? Y cuando, él nunca te falla para acompañarte en el paseo que das a media tarde, para estirar tus quebrantados huesos intentando ser alguien, y que a la hora habitual ya te ladra, para recordarte que no es vida la tuya, tantas horas sentado delante del teclado, en el intento de transmitir que eres alguien en no sé qué empeño, ¿es que alguien habría de sentirse un nadie con muestras así de afecto, atención y respeto? No tienes motivos para quejarte, ni siquiera mencionar tu soledad, en la que crees falsamente disfrutar de un privilegio. Eres alguien para tu perro, no lo olvides, y lo más importante de este mundo. De haberlo pensado antes, no te habría escrito esta carta.
Perdona, mi amor. Tengo que confesarte que ayer me fui de putas. No, no fue porque no estabas y lo necesitaba, ¿me comprendes? No, tampoco fue por disfrutar de la experiencia de estas mujeres, cansado de la rutina. Mucho menos por despecho al ver que tú últimamente me rehuías. Ni porque me atraía transgredir el sagrado principio de fidelidad. Por supuesto que tampoco porque ya no me atraigas; porque estás gorda, los pechos caídos, por tu dentadura postiza inestable, porque no te duchas cuando nos acostamos, porque te huele el aliento, porque casi no tenemos cosas que decirnos... Me fui de putas, mi amor, porque necesitaba que alguien fingiera que me amaba; que se excitara haciendo el amor conmigo, aunque fuese mentira; que no le diera repugnancia mi pene, aunque lo disimulara; que no hiciese alusiones a mi vientre prominente, aunque lo pensara; que no rehuyera mi boca, aunque quisiera; que me encontrara un buen amante, aunque no lo sintiera... Yo, mi amor, necesito de esas mentiras, y tú ni siquiera tienes ganas de mentirme. Por eso me fui de putas, mi amor... Y yo qué sé , por qué no te miento ahora..
Dos niñas guatemaltecas, nacidas unidas por la cabeza, han sido separadas por un equipo de cirujanos. El pronóstico es bueno.
Hasta aquí lo que podría ser el titular de cualquier periódico.
¿Cuánta gente, sin embargo, se pregunta a qué se debe esa "broma" de la naturaleza? Los científicos creen saberlo. Las gentes, en general, no se lo preguntan y se enteran casualmente cuando leen sobre el tema. Probablemente se responden: "Ah, bueno, ahora lo entiendo". La cuestión que yo planteo, y que planteé novelada en mi obra "Salmos por un cuadro", es la siguiente: Los religiosos, para los que los designios de Dios son inescrutables, ¿acaso no se paran, mínimamente, a especular por qué Dios decidió o permitió que la naturaleza obrara tan caprichosamente? No vale encogerse de hombros. Ellos, los religiosos, en lugar de salmos de alabanza a su dios, harían bien en preguntarle, y si no les responde, como no lo hará, deberían, cuanto menos, cuestionar su fe.
Los que escribimos huimos de nosotros mismos. Hemos creado unos personajes para que nos representen. A veces nos dejamos llevar de las sensaciones que nos crean esos personajes y reclamamos disponer de la amistad, la complicidad, la pasión o el amor de los seres de carne y hueso que nos figuramos detrás de ellos. Pero esos seres de carne y hueso rehuyen la entrega, ¿por qué? Como escritores podemos, con mayor o menor fortuna, dar vida a unos personajes maravillosos que nos representan. Como escritores entrenados en el oficio de la imaginación, podemos "vivir" toda clase de sensaciones placenteras: ora con éste-ésta, ora con aquél-aquélla. Cuando a uno de nosotros le reclaman el ser auténtico, su ánimo se derrumba; no resiste la comparación con el personaje que nosotros mismos habíamos creado; vemos, de repente, como en un espejo que un hado maligno pusiese delante de nosotros, al ser mediocre, decrépito, insustancial, impotente, feo, vulgar, falto de reflejos, carente de ideas y de ingenio; absolutamente falto de atractivo, en suma. Y a no ser que seamos unos fatuos, esa realidad prevalece sobre cualquier razón que nos demos para procurar el acercamiento físico entre nosotros.
Virtual. Palabra que recoge el diccionario y que define aquello que no es en este instante pero que puede ser. Es un futurible, si se dan las condiciones. La definición es precisa: fulano es virtualmente un campeón; zutano es virtualmente un premio Nobel; etc.
Desde que llegó Internet, lo virtual en este ámbito es algo confuso, difuso y hasta contradictorio. Se denomina, en este ámbito, amistad virtual, a aquel vínculo afectivo surgido del correo electrónico, los foros, etc.. Las personas "se conocen" a través de los mensajes que se intercambian. Esa amistad "virtual", de ser así, es decir, virtual, o también una amistad que no es pero que puede llegar a ser, o significa que utilizamos mal el término, o no es amistad pero que puede llegar a ser. ¿Qué necesita la amistad para dejar de ser virtual y ser una amistad real? Los creyentes hablan de su amor a Dios, a Jesús. etc.; se dice, también, tener amor al prójimo. Y no se llama virtual a este tipo de afecto, por poner ejemplos de la misma característica que la amistad, con la misma particularidad de intangibilidad en todos ellos. ¿Deberíamos suprimir, pues, el calificativo de amistad virtual a toda amistad que surge en el medio Internet? Habría que distinguir. Dos, o más, internautas pueden decirse ser amigos virtuales, lo que significa no ser amigos, pero que no cabe duda lo pueden ser de forma real sin necesidad de presenciarse. Pueden en cualquier momento, y perfectamente, sin esperar a verse nunca, sentirse amigos. Mientras eso sucede o no, llamar amigo virtual a alguien con el que mantenemos correspondencia escrita, es como decirle: oye, no soy tu amigo, pero puedo llegar a serlo; una fórmula poco cortés, en cualquier caso, que debería suprimirse por completo.
(JDD 2002)
Cabe, después de la reflexión anterior, concretar el tipo de amistad que puede surgir a través del medio Internet.
Mi larga experiencia me permite distinguir dos tipos diferentes de amistad. La amistad que se confiesa entre los miembros de un foro de discusión es una amistad nominal, que se va cimentando a lo largo del tiempo de permanencia en el mismo. No es y ni siquiera llega a ser virtual. Los miembros se dicen amigos sin sentirse obligados a ninguno de los compromisos que entraña la amistad real y ni siquiera a los que podrían impulsar a que lo fuera más tarde. Se sienten, eso sí, obligados a declararse amigos, como para explicar la fidelidad diaria a estar presentes en el foro y a tenerse en cuenta.
Un salto cualitativo, desde este trampolín que son los foros, se produce cuando dos miembros inician una correspondencia privada. Esta correspondencia "íntima" puede llegar a ser verdaderamente íntima o simplemente sincera, lejos de la afectación con que se manifiestan en los foros. Produce entre ellos una dependencia dinámica: remedio para sus soledades respectivas; frustraciones de comunicación presencial; desahogos íntimos; búsqueda de interlocutor afín, etc. Es, en definitiva, una amistad de descarga del yo en otro yo receptivo. Esta amistad es dinámica hasta ciertos límites. Nunca se descarga toda la intimidad, manteniendo cada uno de ellos parcelas intocables. Nunca se invade, para cambiarlo o dirigirlo, ningún compromiso preexistente del otro. A veces, si los amigos son hombre y mujer, pueden surgir manifestaciones de afecto superior que, por sus características y medio exclusivo en el que se producen, no pasan de ser nominales, ya que lo normal es que no consigan romper el status tácito que impone cualquier tipo de relación exclusivamente epistolar. Aquellos casos en los que la sintonía de los amigos es perfecta, puede dar lugar a que se sobrepasen los límites, si ambos así lo deciden, pero esto con carácter extraordinario por infrecuente. En cualquier caso, de darse este caso, sería a costa de abandonar Internet.
Conclusión. ¿Se puede hablar de amistad en Internet? Creo que sí, pero a diferencia de la amistad presencial, en el que la cercanía física alimenta esa amistad, en la amistad por Internet, el espacio insoslayable entre los amigos permite que no corran el riesgo de dejar de serlo.
Sutilmente, la niebla invade la imagen profunda de la noche tiñiendo de deseo cada estrella transportadora de sueños mis pechos reciben el olor dulce de tu boca espumosa arpegiando en abstracta forma un coral de espanto y belleza perturbadora iniciación del culto al amor las horas se pierden entre imágenes confundidas que delatan el desvarío palpitante de todos los momentos sedientos de calma y de olvido nuestros cuerpos desvanecen como ramas de otoño tumbados sobre la paz inquietante de una canción lejana
,,,,,,,,,, ah, si yo pudiese hacerte entender ,,,,,,,,,
Valeria Duque
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¡Atención, atención! Se dispone usted a leer algo que puede herir su sensibilidad. Casi es mejor que lo borre de inmediato, como si fuese un presentido virus. Yo no asumo las consecuencias.
José
Cuento nada retórico
Ërase una vez (todos los cuentos deberían comenzar así) un hermoso hombre, pongamos que de 60 años, que escribía cosas, las más de las veces de tintes transcendentes. Tambíén algún poema cuando se le hinchaban los cojones al comprobar cómo por los demás se despreciaba su pensamiento sutil y profundo, quizá porque los demás andaban en otras cosas más prosáicas, casi todas situadas entre el corazón y la entrepierna. El bello viejo estaba desesperado y no sabía qué rumbo tomar, si dejar la transcendencia y dedicarse a escribir en columna jónica, o mandar a tomar por culo todo lo relacionado con escribir y dedicarse a emparejar hormigas con cucarachas.
Y lo que son las cosas (tenía que poner “lo que es el destino”, pero el término es retórico) El viejo, antes de que adoptara ninguna drástica decisión, se topó con una tía, pongamos de cuarenta años, que diz los que la soñaban, era una hermosa mujer, llena de encantoe inteligencia; un mirlo blanco, vamos. Ya se imaginanque la forma de toparse uno y otro fue como se topan ahora hombres y mujeres que no se comen una rosca: por Internet.
Y el buen hombre y la buenorra cuarentañera se dieron a los juegos virtuales.
Que si esto, que si lo otro, mensaje va, mensaje viene, Yahoo haciendo de celestina, el viejo y la de cuarenta terminaron medio follando como se hacen estas cosas en Internet: el metiendo su monitor en la pantalla de ella (aquí es obligada la metáfora). Ni que decir tiene que esta forma de follar (disculpen, pero no puedo ser retórico) no les proporcionaba satisfacciones completas y sí algún que otro calentamiento de los bajos. Total, que como estas cosas cuando se ponían así había que darles salida, so pena de quedarse con los huevos y los ovarios medio reventados y con lo que duelen, ambos terminabanmasturbándose, cada uno por su cuenta, mientras Yahoo permanecía en silencio expectante.
Pero una noche sucedió lo previsible. Al viejo se le adelantaron las ganas y comenzó a masturbarse sin avisar a la de cuarenta, y Yahoo comenzó a escupir:
-¿Qué pasa?
-¿Te has ido?
-¡Contesta, cariño!
-No me dejes así, cielo
-¿He hecho algo mal?
-Di algo, por favor
El viejo miraba de reojo la pantalla mientras seguía sobando su polla, ora con la mano izquierda, ora con la derecha (se cansaba, y disculpen, pero no puedo ser retórico)
De repente, la mujer del viejo entró en el estudio y pilló a su marido de esa guisa y ya casi en trance.
Encabronada de ver tal desperdicio, le dice mientras mira a la pantalla:
-Oye, hijo de puta, ¿qué significa esto? ¿Es esto lo que vienes haciendo desde hace un par de meses? ¿Y quién es esa que se queja?
El marido, al que ya le faltaba poco para correrse (perdonen, pero no puedo ser retórico) hizo un último y violento vaivén y se corrió. Miró a su mujer con cara de sosiego, forma habitual en él de mirarla, y le dijo:
-Maria, esto no es lo que parece. Te explico. ¿Tú sabes lo que es sexo virtual?
-Claro que lo sé (contestó ella) Lo que vienes haciendo conmigo desde hace no sé cuánto.
Y la esposa , hecha una furia, se fue a la cama. El marido se quedó aún un buen rato cerrando Yahoo, ICQ, Visit, Outlook, MSMedia y un archivo word que se titulaba: “El porqué de las cosas”.
Y el cuento termina aquí, porque en días sucesivos todo siguió igual, aunque ya la esposa no volvió por el estudio de su marido ni por la cocina; se inscribió en un seminario intensivo que rezaba así: “Aprenda a manejarse por Internet en quince días”
Todos pasamos por las mismas experiencias, José. Pero supiste desenmascarar la verdad de tu pensamiento escribiendo una bella carta.
Con cariño,
Valeria
"Jose D. Diez" <jose@...> wrote:
Hoy no tengo a quien escribir. No hay un nadie en mi pensamiento. Si el pensamiento es un vehículo más del sentimiento, hoy tampoco tengo el sentimiento de que exista un nadie sin su carta.
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Gracias, muchas gracias por la invitación. Soy Valeria Duque, brasileña, escribo poesía en el bello idioma castellano además de mi propio portugués. Soy de Río de Janeiro, pero vivo en la capital de mi país, Brasília, ciudad joven, con 42 años de existencia, arrojada arquitectura. Lo que me hace escribir creo ser palabra unísona entre todos, nace como un sueño que explota de las tristezas, alegrías, amor y desamor; releer la naturaleza y cada trocito del mosaico infinito, ilimitado e interrogante que llamamos de Universo, creación de un Dios que nos cubre con el regalo de un alma poeta, dispuesta a entregarse enseñándose desnuda y sin máscaras.
Soy graduada en música, más precisamente el piano. Toco clásicos y también melodías populares de oído (otro regalo de Dios). Soy madre de 2 bellas hijas y un varón cuyas edades son: 21 (Maria Thereza), 23(Benito Afonso) y 25 (Ana Carolina). Pero la luz de mis días es mi nieta Débora, que en el 4 de diciembre cumplirá 3 añitos. Trabajo en la Directoría de Cooperación Técnica Internacional de la "Escola de Administração Fazendária" (Escuela de Hacienda Pública), como Especialista en Asuntos Inernacionales, lo que me da la oportunidad de estar en contacto con la gente de todo el mundo, en especial la de Latinoamérica. Acostumbro a decir que amo profundamente mi trabajo porque soy yo la que más aprende con el intercambio de experiencias entre tantas culturas, incentivando la integración y la reciprocidad de ideas. La mejor faz de la globalización.
Espero poder disfrutar de vuestros escritos y que también lo hagan con los míos.
La foto no está buena, pero es recién sacada, en una fiesta en la Embajada de México en Brasil, donde yo elegí ponerme el sombrero para enviarla a mis amigos.
Un cariño especial, lleno de "brasilidad",
Valeria
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Hoy no tengo a quien escribir. No hay un nadie en mi pensamiento. Si el pensamiento es un vehículo más del sentimiento, hoy tampoco tengo el sentimiento de que exista un nadie sin su carta. M e pregunto por qué. Con la mirada perdida en el interior de mi, busco afanosamente un nadie a quien escribir. Y no encuentro a nadie. Supongo que esos nadie no se piensan. Tengo para mí que esos nadie han de sentirse y luego impulsarte a escribirles. Hay tantos nadie... ¿Y por qué hoy no hay ninguno que atrape mis vísceras, las retuerza, las acumule en mi garganta hasta sentir ahogo? ¿Por qué divago de esta manera, escribiendo sobre mi hoy insensible? ¿Por qué no lo dejo aquí y no trato de justificarme? La respuesta, si al menos quiero ser auténtico, debería ser que hoy me duele la cabeza por haber dormido mal y tengo, además, que resolver un negocio que me preocupa.
Si yo pudiera amar todas las sospechas, las tuyas y las mías las de todo aquel que nos observa con la mirada fría, te entregaría mi amor para aliviarte
Si yo pudiera amar todos los amores que surgen espontáneos, que se declaran unilaterales y a veces temerarios, sin duda caería contigo en el abismo
Pero, abandónate a que pase el tiempo de este contrato tácito, que tú y yo firmamos una noche de sexo plácido y que los corazones negocien. (JDD 2001)
IF I TOLD YOU THAT, canta Whitney Houston mientras pienso qué escribir que me complazca, o que me alivie de pesares. Ya es la noche y siento que el día no fue menos negro.
LOVE WILL SAVE THE DAY, escucho ahora , y pienso dónde está esa cosa que todos invocan. Esa frase sin sentido que alimenta la esperanza que ni siquiera tengo.
I´M EVERY WOMAN, canta ahora W. Así parece ser, no puede ser de otra forma. Todas llegan a mi y, por norma, el secreto de su imagen sellan.
I´M YOUR BABY TONIGHT, se empeña W. Esa singularidad parece definir a alguien que, al fin, quiere no ser una entelequia. Yo por viejo y por ella, no puedo decir que la quiero.
IT´S NOT RIGHT BUT IT´S OK, me devuelve a la perplejidad. ¡Qué mujer es ésta que dice no importarle compartirme! ¿Será sólo mujer de una noche?
I ALWAYS LOVEYOU. ¡Oh, no! ¡Qué mentira tan infame! Todo iba bien hasta que pronunció una oferta con esa palabra mentira, y más si es para siempre.
WHERE DO BROKEN HEARTS GO y I HAVE NOTHING. Definitivamenteesta mujer está tan sola como yo:
SAME SCRIPT, DIFFERENT CAST.
Ya no escucho más; dos soledades nunca serán un encuentro.
Hoy, como es mi costumbre, después de almorzar me quedé transpuesto. No sé si soñé o imaginé lo que relato a continuación.
Pareciera que entraba en una tienda atraído por el rótulo colocado en el frontispicio de la misma, y que decía así:
"VENTA DE SUEÑOS"
Ya dentro, no vi nada especial que me llamara la atención , pues que la tienda estaba completamente vacía. Detrás de un mostrador de madera vieja, un hombrecito de barba blanca y larga, me sonrió al verme entrar.
--¿Usted, de verdad, vende sueños?--le pregunté
--Claro que sí, este es mi negocio.
--¿Negocio? ¿Y cuánto cobra usted por un sueño?
--Nada en forma de dinero. Yo le vendo a usted el sueño que más desearía tener y usted me da a cambio lo que más estima poseer.
No sé que sucedió, que desperté de aquella especie de ensoñación. Rememorando lo sucedido, me dije a mí mismo: Hubiese sido, en cualquier caso, una mala compra, pues nada puede reemplazar la autoestima.
La estupidez humana no es en sí censurable. Es una manifestación absolutamente coherente con el ser, humano en este caso. Si las personas no fuéramos, en ocasiones, estúpidos (siempre me estoy refiriendo al pensar), lo más probable es que nuestro pensamiento fuera muy restringido. Pienso (y no sé si de forma estúpida) en que gracias a la estupidez humana no nos inmolamos y aceptamos la vida hasta con una sonrisa, boba, pero una sonrisa al fin. Si no pensáramos estúpidamente, no querríamos vivir en situaciones donde la vida es poco grata. Tampoco seríamos sensibles ante el dolor ajeno, sensibilidad que obviamente parte del pensamiento. No aceptaríamos las reglas que la sociedad nos impone. No tendríamos creencias. No se habrían escrito tratados de filosofía. Tampoco se escribiría poesía o se pintaría un paisaje. O se habría compuesto una música con el título "La primavera". O se habría tallado un trozo de mármol para terminar siendo una escultura con el nombre "La Piedad"... Un hombre absolutamente no estúpido en su pensamiento, sería algo así como una computadora. Mientras el hombre puede tener pensamientos estúpidos, nunca la computadora podrá superarle.
Arlequín, préstame tu vestido. También tu gorro y cascabeles. Y tu máscara negra. Vestiré de colores la sombra. Con el gorro simularé una cabeza. Y los cascabeles para llamar la atención. Ojos que miran detrás de la máscara. Luego, yo, arlequín, saldré a la calle, haré muecas para satisfacer al público que me observe. Bailaré y daré saltos y cabriolas para que los niños me sigan, y haré que todos se burlen de mí. Y cuando llegue la noche, te devolveré tu vestido, tu gorro, tus cascabeles y tu máscara. Habré, al fin, conseguido un sueño: que se burlen de mi mala sombra.
Viejo, te escribo desde la comprensión infinita y allí a donde te encuentres. Y es así, por cuanto tú y yo nos hermanamos en intentar darle algo de lirismo a nuestras vidas. Pero tú ya lo has conseguido y yo sólo estoy en el camino.
Hace algún tiempo, presintiendo que un viejo me esperaba a la vuelta de la esquina, un viejo que se adueñaría de mí, escribí:
Un viejo es un viejo moribundo de soledad. Un viejo es un viejo con lágrimas y no llora
Un viejo es un viejo con la memoria marchita, con la esperanza marchita con el deseo marchito.
Un viejo es tan poca cosa... Tan inútil es un viejo...
Y no lo decía desde la soberbia de quien contempla la vida como si el tiempo no pasara por él. Yo comienzo a contar en segundos acelerados, al compás de los latidos de mi corazón esclerótico. Y ni puedo detener los segundos ni puedo pausar mi corazón. Esa inutilidad del viejo será el preludio de convertirme en nadie. Tú has encontrado la forma de no ser nadie, aunque por esa soberbia a la que aludía, lo seas para los necios. Y yo quisiera, en su momento, hacer lo mismo que tú: escribir versos. Pero no cualquier verso que haga crujir de espasmo los corazones pusilánimes. Versos como los tuyos. Tus versos hablan de cosas sencillas para corazones que no saben de metáforas ni de pasiones pintadas con sangre, sudor y lágrimas. Esos versos tuyos que escribes en el refugio de tu casa de caridad, con dificultad porque tus lentes no están actualizadas o porque no encontraste un papel blanco y en blanco, como tú quieres para escribir tus versos. Y tus versos son sencillos, porque nunca usas la palabra amor. ¿Quién habría de aceptar tus versos si hablaran de amor? Versos que, una vez escritos, guardas bajo la almohada a la espera de que amanezca. Versos que tú llevas a la entrada de un colegio, porque allí está tú destinatario: esa niña que te espera impaciente, día tras día, antes de entrar en el aula, a recibir de tus manos temblorosas el papel arrugado con el verso de ese día.
Pero un día no pudiste entregar tu verso. Los escolares habían comenzado sus vacaciones y la niña no apareció. Esperaste en vano pensando que habrías llegado demasiado pronto. Adelantabas en tu mano el verso hacia la reja y lo retirabas, así varias veces, pensando, quizá, que la niña se había vuelto invisible.
Un policía urbano paró su coche cerca de ti, se bajó y casi te increpó: "¿Qué haces, viejo?" Tú no respondiste, escondiste tu verso entre la chaqueta y el pecho y te pusiste a caminar por la acera. Todavía pudiste oír: "¡Que no te vuelva a ver por aquí!" Y el policía siguió mirándote cómo te alejabas. El papel con tu verso se deslizó entre tu pecho y chaqueta y cayó al suelo. Tú no lo advertiste y seguiste pesadamente caminando. El policía se acercó al papel y lo recogió. Creyendo encontrar allí la prueba de tu delito, lo leyó. Decía así:
A una bonita rosa
se acercó un conejito
Qué color tan bonito
¿Por qué eres tan hermosa?
Y la bonita rosa
le dijo muy bajito
No lo sé, conejito
Yo no me veo hermosa
Si tú dices que lo soy
Es porque soy una rosa.
Ya estabas lejos. El policía arrugó con furia el papel y lo tiro a una papelera cercana, mientras farfullaba medio colérico: "¡Maldito viejo asqueroso!
De vuelta al colegio, la niña te esperó anhelante, pero tú ya no apareciste con tu verso.
A veces me pregunto si mi padre pensó en algún momento de su vida en que clase de mundo iban sus hijos a vivir. Me pregunto también si él se preocupaba sobre los efectos de lo que él hacía y como éstos iban a influenciar las circunstancias en que sus hijos se encontrarían años más tarde en sus propias vidas.
Y entonces, no puedo más que hacerme las mismas preguntas a mí mismo…
Siempre hay una historia detrás de las respuestas…
… ésta es la mía …
—Me alegra que ya estés aquí. Con el día que tuve, esperar hubiera terminado de destrozarme los nervios…
Mi amigo parecía perturbado seriamente. Alcé mi mano para atraer la atención del mozo, y al mismo tiempo le repliqué:
—Sabés que podés contar conmigo, yo siempre llego antes.— Alejandro era una imagen de desaliño, él, siempre tan atildado, que el contraste me sorprendió —¿qué pasó que estás tan alterado?
—Tu sabes, el Banco, ya empezaron a despedir gente. No, no a mí. Pero los que quedamos, estamos pagando las consecuencias. Todavía están peleando como van a reorganizar las tareas de cada uno, te digo, estos nuevos gerentes no tienen idea de lo que va en cada oficina. Tienen ideas, pero…—Una pausa. —Pero eso no es lo que me tiene agitado.— Su voz cayó a susurro. —Mi hijo.
—¿que pasa? Espero que está bien…
—¿que se van servir? — interrumpió el mozo que se había acercado sin que lo vieramos. Casi molesto, le pedí un cortado doble y Alejandro, sin mirarlo, pidió un té con limón. El jovenzuelo se alejó inmediatamente y yo seguí mirando a mi amigo.
—Bien por ahora, no sé como va a estar cuando lo encuentre. Me llamaron del colegio. Parece que lo agarraron con un paco de hierba. Suspensión segura, que puede llegar a expulsión. Depende…
—Gosh! ¿qué le dió por meterse en ese berenjenal?— alcancé a barbotar como un idiota.
—En parte es mi culpa, no le presto suficiente atención. Con la madre lejos, y yo peleando por sobrevivir en el banco, el mocoso ha estado "experimentando".— Su mirada estaba vacía, mirandome sin verme.
—Pero ya no es un nene, tiene, ¿cuanto, diez y siete?— Ale asintió con su cabeza y yo seguí sin respiro: —Con todo lo que está pasando con sus compañeros, hubiera, yo no sé, puesto una legua entre eso y él.
¿qué está pensando? Arriesgar su futuro, ¿para qué, por un minuto de qué? ¿Ya hablaste con él?— Tomé aire y mi amigo aprovechó el momento.
—No,… los idiotas, pués que se creen invencibles. Nada les ha de pasar.
—Nosotros pensabamos lo mismo a su edad.— repliqué, —Pero no se nos morían de la droga. O del sida… —sacudí mi cabeza con incredulidad— ¿No fué apenas tres semanas atrás que me dijiste del muchacho de Alberto que espichó con la coca?— Ahora también yo susurraba. —Lo encontraron muerto en el baño del colegio, me dijo la Negra, en el primer recreo. No lo vieron cuando llegó al cole, y parece que fué derecho al baño. Los otros estudiantes iban a sus clases y nadie entró hasta el recreo…—mi voz se detuvo, ‘¡Demonios’, cruzó mi mente, ‘lo que debe estar pasando en la cabeza de mi amigo! ¡yo estaría golpeandome contra una pared!’
Alejandro me miró en silencio por un momento. De pronto las maderas oscuras del Molino parecieron caerse encima nuestro. Los murmullos de las mesas vecinas se entremetieron de repente en nuestros pensamientos. Su voz me tomó de sorpresa, casi ronca, como rompiendose sobre las piedras.
—Jorgito y yo no nos llevamos bién. Desde el divorcio, parece que cada vez que hablamos en dos minutos estamos gritando. Si no fuera que su madre se fué a Suiza, ya se hubiera ido a vivir con ella. —Alejandro suspiró. Sin mirar tomó un sorbo de agua del vaso que el mozo dejara cuando tomó la orden. —Ya no sé como hablarle. Y no es que no sea inteligente, la verdad es muy buen estudiante, sus notas son más que buenas… Lo que me mata es verlo hosco, enojado, casi escondido en sí mismo. Y con todos mis problemas, yo no puedo ni pensar. Me levanto a la mañana y ya estoy corriendo, preparo algo de comer para los dos, y ya tengo que salir de raje. Tu sabes, no puedo darme el lujo de llegar tarde al banco, y con el transporte como está tenés que darte tiempo por cualquier emergencia.
Yo lo dejé hablar sin interrumpirlo. Hay momentos en que lo mejor que uno puede hacer es escuchar. Y qué diablos le podría decir ahora. El pibe está en un reverendo problema. Los dos, él y Jorge.
De pronto el mozo se materializó a nuestro lado con mi café y el té de Ale. Tomándo al mozo del brazo, le pregunté a mi amigo si había comido algo, o quería que pidieramos un par de tostados de jamón y queso. Dejando ir al mozo con la nueva orden, me volví hacia él.
—Pues no sé, sólo que ahora es el momento de hablar sin gritar. Yo sé que no será fácil. Dios, que si no lo sé. Pero tenés que hacer tripas, corazón. Es difícil cambiar de pronto, no te lo creen, pero ésta es una circunstancia dramática. Gracias a Dios lo es. Quizá sea una bendición.
—Él va a estar asustado.— agregué.
Me interrumpió súbitamente.
—Que vá. Vá a estar rabioso. Culpándolos a todos, a mí, a sus maestros. Al que lo descubrió. A sus compañeros, sospechará que alguien lo deschavó.— No lo dejé seguir. Puse mi mano sobre su brazo.
—Cierto, pero sería inhumano si no estuviera, por debajo del bravado, temeroso de lo que va a pasar, de tu reacción. De tu reacción por sobre todo…— Antes que mi amigo pudiera decir algo, le pregunte: —¿Te acordás cuando chocaste el auto de tu padre? Veniamos de la fiesta en lo de Jorge y Marta.— Ale asintió con la cabeza. —Ni te fijaste si te habías lastimado, y estabas sangrando como un marrano. No te importó quien tenía la culpa, ni que hubiera caso, vos y el otro conductor, ambos estaban más que adobados. Todo lo que podías pensar era ‘que vá a decir papá’. Después te peleaste con el otro. Y terminámos la noche en la seccional.— Terminé sonriendo entredientes.
—No me lo recuerdes. Parece que recién termino de lavarme las manos para sacarme esa tinta mugrosa de los dedos.
—Y cuando vino tu padre, ¿que pasó? Nada, el viejo estaba pálido, pero sólo te preguntó si estabas bien. Y después ‘¿y los otros?’. Y cuando supo que todos estaban bién, se rió y dijo, ‘por fin tengo una excusa para comprar un auto nuevo!’.
—El viejo. Era grande. Me jodía todo el tiempo para que no perdiera el tiempo en "pavadas", pero cuando lo necesité, estaba ahí. Podías contar con él.
—Sí lo era. Yo siempre pensé como quería que mi viejo fuera como el tuyo. De veras te envidiaba… Pero,… ahora es tu turno.
Él me miró como si me viera por primera vez. Y en un momento continué:
—Vés, la vida trae esas cosas. Cuando eramos jóvenes, yo tenía visiones de hacer grandes cosas. Qué se yo, cambiar el mundo.
Me relajé en la silla y continué:
—Y así hice muchos cambios. ¡Ja! ¿Te acordás de mis tiempos de sindicalista? Y cuando jugué a ser periodista, y después con la misión económica. Y cuando me fuí a California. ¿Y sabés?…— Miré alrededor y volví a él. Ale se reclinó en la mesa.
—Yo también le fallé a mi hija. Me fuí. No estuve cuando ella fué a la escuela. No la ví en su graduación. Mi padre no estaba cuando yo me gradué. Yo no estuve cuando ella se graduó. Ni estuve cuando tuvo los problemas con su madre. Y cuando entró a Universidad. No le pude dar consejos inútiles, ni felicitarla en los exámenes, o consolarla cuando bochó una materia… No sé como lucía en su vestido de fiesta para la graduación…
—No fué tu culpa. Vivían a diez mil kilómetros el uno del otro—
—Aunque no fuera mi culpa. El hecho es que no estuve. No pude hablarle, no la escuché, en sus dudas, en sus penas o sus alegrías. No la ví crecer. Vés. No importa porqué.— Mi amigo asintió en silencio. —¿Le dejaré una pequeña fortuna? Quizá. Pero lo que importa no se lo dejaré: …Recuerdos. Eso, recuerdos… Yo, tú, pronto moriremos, y no nos llevamos los recuerdos, como no nos llevamos las cosas. Las cosas y los recuerdos son para los vivos. Pero ella…, por eso estoy que me rompo por dentro.— paré, súbitamente agotado.
—Pero ahora se hablan. Han estado escribiéndose—
—Sí, ¿después de cuantos años? ¿cómo recuperarlos?
Respiré hondo. Recién entonces me dí cuenta que yo también dolía. No sólo Alejandro. Miré hacia la calle llena de autos y gente. El Congreso.
—Vés. Tu tienes la oportunidad, viviendo con Jorge. Juntos pueden resolver este problema. Y otros, porque los habrá… Cuenta con eso. Pero depende de tí. Puedes hacer la diferencia. No le hables "al" Jorge. Habla "con" el Jorge. Creá los recuerdos. No importa el tema… Sí, yo creo que esto que pasó es una bendición. Un comienzo nuevo.— Lo miré esperando que me creyera.
—¿Podremos?— Su pregunta fué su respuesta.
—Seguro. Y las discusiones y malos ratos se volverán buenos recuerdos, si logran cambiar como se hablan, hacen las cosas juntos, algo distinto. Si pueden descubrir como ser camaradas, no enemigos. Ustedes dos se vieron enemigos, pero eso es sólo una impresión.— Vacilé, mi amigo parecía cavilar sobre lo que le iba diciendo, y decidí seguir. —No tenéis enemigos reales. Yo, yo tengo un enemigo, un enemigo de verdad: el tiempo que estuve lejos. Y eso no va a cambiar. Todo lo que puedo… es a partir de ahora…
Alejandro y yo callamos por un momento.
El mozo trajo los tostados. Le agradecimos. Ninguno tenía hambre. Lo miré, y tomando una servilleta de papel, envolví los tostados, y parándome dejé unos billetes sobre la mesa. Y le dije a mi amigo:
—Vamos, nos vá a hacer bien caminar un poco.
Cruzamos la avenida y entrando en la plaza, le dí los tostados al viejito que siempre estaba allí pidiendo ayuda de los extraños. Con un gesto corté su agradecimiento. Y tomando a mi amigo del brazo, le dije:
—Vés. Hay sólo una herencia que importa. Los dos tenemos que trabajar para crearla. Mientras tenemos tiempo…
Y nos perdimos entre las palomas de la plaza… ya vés, una historia, o dos, según lo mires. No mucho. Nada dramático. Solo dos viejos amigos. Encontrándose a si mismos en sus propios dilemas…
¿Quién soy? Soy un argentino de nacimiento, viviendo en los Estados Unidos, Tejas, (me vine a los US en el ’79).
Retirado de la Ingeniería en el 86, me dediqué a escribir, y lo hice por muchos años casi exclusivamente en inglés. Mi especialidad es ficción histórica, y el lenguaje inglés, por su dinamismo, me resulta más confortable para desarrollar estos temas. Sin embargo, habiendo escrito muchas piezas en castellano, mayormente antes de venirme aquí (desde mi niñez —publiqué mis primeros versos a los diez años— y durante mi juventud, culminando con un período de varios años colaborando en los diarios Clarín y La Razón, sin mencionar algunos cuentos románticos para revistas de mujeres que quiero fervientemente olvidar), encuentro que para expresar mis sentimientos (como en charlas, cuentos y poemas) y mis especulaciones filosóficas y políticas (no se asusten del enunciado), el castellano es más facil para mí (habiendo completado estudios en la Universidad de Buenos Aires, puede ser una de las razones, y habiendo sido miembro principal del movimiento latinoamericano humanista inspirado por Mounier, puede ser otra).
Mis intereses incluyen la educación (como tema integral, es decir, filosofía, objetivos, métodos, experiencia, y principalmente foco), arqueología (desde trabajo de campo en los sitios, al desarrollo del conocimiento) y antropología (en un sentido sartriano). Historia (como fundamento de mis escritos, y por un interés propio que he padecido desde mi niñez), mitología, filología y estudio comparado de creencias religiosas nativas y clásicas, han sido los campos que he transitado para sobrevivir el ambiente de la industria aeroespacial. Por supuesto, como todo ingeniero, soy un fanático de la ficción científica.
La literatura clásica hispana (desde el poema del Cid que modernicé cuando estaba en la secundaria, pasando por Cervantes, Calderon, Lope, … y Azorín, Garcia Lorca, Darío, Machado, Borges, Marechal, Vargas Llosa y Garcia Marquez, etc.) y la inglesa-americana (incluyendo especialmente Shakespeare, sobre el cual he trabajado con mi esposa y sus alumnos poniendo una obra de él cada otoño—Much ado about nothing, Midsummer Night’s Dream, Hamlet, Twelfth Night y Romeo and Juliet el próximo— pero sin olvidar los grandes contemporáneos) en la cual Michael Crichton podría considerarse mi modelo para estilo, han sido la fuente de placer más consistente durante una vida que ya ha totalizado sesenta años.
Yo vivo en Tejas, a la orilla de un lago o embalse, el más antiguo en el centro del estado, apenitas afuera de San Antonio. Y extraño que parezca, tiene mucho del sabor de la tierra argentina, sin exceptuar el clima, que es húmedo y cálido, ¿como explicártelo?, tal como es el de Buenos Aires o como lo tienen en Torrevieja (la de Murcia). Nací en Buenos Aires, y me crié en Mar del Plata, volviendo a hacerme porteño, cuando me fuí a la Universidad. Después de una vida muy rica en experiencia, un divorcio en el 77 me empujó a mirar en otros lados, y habiéndo mi familia (padre, madre, y mis dos hermanas) emigrado a los Estados Unidos, fué algo natural, irme también. Mis dos hijas se quedaron con la madre en Buenos Aires. Al presente la mayor es 28 y la menor 25.
Llegado a California, encontré trabajo inmediatamente pues los ingenieros argentinos son muy buscados y yo tenía buenas referencias, así que me convertí en otro más de los aeroespaciales de menta. Después de unos años y otra relación sentimental y otra crisis emocional, me ví al borde de una vida alcohólica y tal vez un ataque al corazón. Habiendo ayudado, un tanto ántes, a un amigo y compañero de trabajo, a encontrar la sobriedad perdida, pude ver claramente que el sendero delante mío no me iba a llevar a un final feliz. Así que tomé una decisión. Abrazé la sobriedad, cambié de profesión, y empecé una nueva vida.
Compartiendo mi experiencia, me encontré pronto atraído a un grupo de escritores sobrios, y de la sobriedad pronto mis conversaciones giraron al escribir y la creación. Al mismo tiempo, un mentor, ya fallecido desafortunadamente, me reintrodujo a la arqueologia y a la mitologia de los pueblos. Y un tema fue concebido en mis entrañas, el cual sigue creciendo, como en la gestación, y me empuja a trabajar duro y sin descanso. Este tema lo escribo en inglés. Y sigue creciendo (van para 4000 páginas), al final, creo que serán una serie de relatos de ficción histórica abarcando un lapso de 200.000 años más o menos y terminando en el siglo XVI.
Cuando me canso, me vuelco de nuevo al castellano. De ahí mis poemas y mis cuentos. Me resulta más fácil expresar mis sentimientos en castellano (aunque lo puedo hacer algo más que bien en inglés de acuerdo a mi esposa que ha estado en mi vida los últimos once años). El inglés lo veo más adepto a un relato dinámico, de acción, tal como lo encuentras en mi ficción histórica, que no tiene mucho de ficción y tiene demasiado de historia.
Mi esposa (que no habla castellano) me brinda el coraje de seguir, y somos buenos compañeros. Ella es actriz de alma (y de experiencia real en Broadway), y maestra del secundario ahora, enseñando teatro, y los dos amamos a Shakespeare, y yo le estoy enseñando a amar el teatro español (esta primavera pusimos Bodas de Sangre, con sus alumnos; yo hago las adaptaciones y los escenarios, y ella la dirección, y diseña los ropajes y las luces, como dicen, somos un team).
Tengo, al presente, dos libros en castellano en proceso: Charlas de Café, relatos cortos sobre diversos temas, y Viñetas de un Mar Argentino, un poemario. "The Lords’ Chronicles" es el título de la serie de ficción histórica que ya va por el libro 5 (en inglés, los 4 primeros en proceso de editarse). De mi producción anterior, gracias a Dios estan agotados y no verán de nuevo la luz en lo que a mí respecta. (Solamente, quizás, me gustaría publicar de nuevo un pequeño poemario —tres docenas de poemas y unas 70 paginas— que escribí cuando tenía diez años, si llego a encontrar donde mi madre escondió la única copia que conozco que exista.)
Al darles la bienvenida al grupo, quiero aclarar que mis intenciones son las de ser un moderador invisible. Eso quiere decir que voy a ser un miembro más de nuestra comunidad, y espero que nunca tenga que asumir el manto de moderador. Esta comunidad es la nuestra y voy a trabajar duro para hacerla cada día más acogedora.